25/06/2021

Es posible utilizar hongos nativos de la región para combatir plagas en los cultivos agrícolas y forestales



Por Dr. Gustavo Ángel Bich – Dra. María Lorena Castrillo (*)

A nivel mundial, los cultivos agrícolas y forestales son susceptibles al ataque de microorganismos. El daño que estos microorganismos ocasionan no sólo refiere a pérdidas económicas, sino también a pérdidas biológicas, es decir, a la alteración que existe en el desarrollo de las plantas hospedantes atacadas por estos microorganismos. Las mermas consisten principalmente en la reducción de la calidad y/o la cantidad de la cosecha obtenida, a su vez de que aumentan los costos de producción al tener que establecerse medidas para tratar de controlarlos o combatirlos.
Entre los patógenos que causan severas pérdidas agrícolas y forestales, se encuentran con mayor frecuencia especies de hongos causantes del deterioro patológico de frutos, hojas, tallos y productos subterráneos como raíces y tubérculos. Se estima que existen más de 8000 especies de hongos patógenos de plantas, llamados fitopatógenos.
Las principales enfermedades causadas por hongos son royas, carbones, tizones, agallas, deformaciones, chancros, marchiteces foliares o vasculares, podredumbres radiculares, entre otras.
Las enfermedades causadas por hongos fitopatógenos suelen ser una limitante en la producción de cualquier cultivo, por lo que un factor importante a considerar es su control.
La forma tradicional para el tratamiento de las enfermedades en cultivos agrícolas y forestales es la aplicación masiva de productos químicos, es decir la aplicación de fertilizantes, fungicidas y plaguicidas de origen sintético que se utilizan para combatir a los patógenos y plagas causantes de enfermedades vegetales y para favorecer el crecimiento de las plantas. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) define a los plaguicidas como “cualquier sustancia destinada a prevenir, destruir, atraer, repeler o combatir cualquier plaga, incluidas las especies indeseadas de plantas o animales, durante la producción, almacenamiento, transporte, distribución y elaboración de alimentos, productos agrícolas o alimentos para animales”.
Sin embargo, debido a la composición y uso inadecuado de estos productos químicos, ellos pueden resultar tóxicos e inespecíficos, ya que además de eliminar a los organismos fitopatógenos y plagas del cultivo, dañan la microbiota del suelo (es decir al ecosistema natural, diverso y equilibrado de microorganismos del suelo). El uso  excesivo  e  irracional  de productos químicos puede acarrear altos costos ambientales, así como un gran riesgo para la salud humana debido al alto nivel de toxicidad que presentan.
La actividad de estos productos puede afectar a otras entidades biológicas no blanco, directa e indirectamente, por su capacidad de bioacumulación, inespecificidad y persistencia en el ambiente, alterando de esta manera diversas interacciones ecológicas, incluso las interacciones beneficiosas.
Además, todos aquellos productores agropecuarios que estén interesados en certificar sus cultivos para poder exportar a mercados de gran valor como la Unión Europea o Estados Unidos, están obligados a controlar patógenos y plagas sin recurrir a los métodos tradicionales sintéticos.
La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos estableció restricciones sobre el uso de fumigantes químicos (USEPA, 2001), y generó gran interés en desarrollar tratamientos alternativos que tengan por objetivo: preservar la integridad y seguridad de los seres humanos, no dañar el medio ambiente, ser técnicamente efectivas y económicamente factibles; así como también ser sustentables en el tiempo.
En este contexto, se puede observar que actualmente existe una preocupación internacional por disminuir o erradicar el uso de los agroquímicos a nivel mundial. El uso de bioformulados microbianos que protejan a los cultivos frente a patógenos y/o plagas, sean menos perjudiciales para el medio ambiente, puedan actuar como potenciales recuperadores del suelo y fomenten el crecimiento de los cultivos, es una de las alternativas más prometedoras hacia una agricultura sustentable.
Se habla de bioformulados microbianos a base de antagonistas microbianos cuando se pretende emplear como método de control a organismos biológicos que tengan capacidad natural de controlar o regular la población de aquellos organismos considerados patógenos o plagas de diversos cultivos. Es decir, que pueden causar el control o la muerte de insectos plaga, causar el control o la muerte de un hongo fitopatógeno, o que pueden fomentar y promover el crecimiento y desarrollo de los cultivos, ser reservorio de metabolitos secundarios de interés, entre otras varias cualidades.
La aplicación de antagonistas microbianos se considera entonces como un método biológico, alternativo al control químico tradicional, de los cultivos agrícolas y forestales, que se presenta como un método orgánico, sustentable y amigable con el ambiente. Esta táctica de control se denomina “control biológico” e incluye aquellas técnicas que mediante la manipulación de agentes naturales se logra reducir las pérdidas en agricultura, forestación o productos comerciales, mediante el empleo de organismos que tengan la capacidad de suprimir los patógenos y plagas agrícolas y forestales.
Nuestro grupo de trabajo hace varios años que viene desarrollando una línea de investigación y desarrollo en el área de control biológico mediante el empleo de hongos nativos de la región para regular o combatir a los patógenos o plagas de los cultivos agrícolas y forestales. Se busca la utilización de cepas nativas con el objetivo de que ya tengan la capacidad de resistir las condiciones edafo-climáticas de la región.

(*) Datos de los autores:

Dr. Gustavo Ángel BICH. Licenciado en Genética, Especialista en Docencia Universitaria, Doctor en Ciencias Aplicadas subdisciplina Biotecnología, Profesor Adjunto Cátedra Biotecnología Molecular Carreras de Bioquímica, Farmacia e Ingeniería Química de la Facultad de Ciencias Exactas Químicas y Naturales FCEQyN de la Universidad Nacional de Misiones UNaM.

Dra. María Lorena CASTRILLO. Licenciada en Genética, Especialista en Docencia Universitaria, Doctora en Ciencias Aplicadas subdisciplina Biotecnología, Investigadora asistente CONICET. Auxiliar de Primera Cátedras Microbiología General, Microbiología e Inmunología y Micología de la Carrera de Licenciatura en Genética de la Facultad de Ciencias Exactas Químicas y Naturales FCEQyN de la Universidad Nacional de Misiones UNaM.

Realizan sus investigaciones en el Laboratorio de Biotecnología Molecular, Instituto de Biotecnología Misiones InBioMis, Facultad de Ciencias Exactas Químicas y Naturales FCEQyN, Universidad Nacional de Misiones UNaM. Ruta Nac N°12 km 7.5, Posadas Misiones Argentina.