20/09/2020

​ Acuerdo con China: ¿hay riesgo sanitario y ambiental en la producción porcina?


La Argentina estaría por cerrar un acuerdo comercial con la República Popular Chi­na para instalar en distintos puntos de la geografía nacio­nal una veintena de granjas destinadas a la producción porcina, una iniciativa que busca recuperar el stock de carne porcina, de alto con­sumo en el país asiático. El proyecto se ve respaldado por la situación económica mundial y aunque la primera opción era llevar adelante el emprendimiento en el Bra­sil el costo de producción se presenta como un impedi­mento.
Jorge Neme, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería informó en reunión con productores, que el proyecto representa una inversión de 3.500 millones de dólares que permitirían generar 9.500 puestos de trabajo directos y hasta 42.000 indirectos. Las provincias de Santiago del Estero, Formosa, Chaco, Entre Ríos, Salta y Corrientes aparecen como potenciales sedes de las granjas a instalarse, donde se pretende alcanzar en seis años 1.800.000 toneladas de carne para China.
En todo compromiso comercial generalmente se pone por delante los beneficios y se suelen pasar por alto las consecuencias. No son pocos los que al saber del acuerdo en ciernes, salieron a cuestionarlo argumentan­do aspectos ambientales y sanitarios. En ese abanico de riesgos se mencionan, desde generar condiciones para la propagación de patógenos hasta la aparición de nuevas enfermedades infecciosas.
La médica veterinaria Gabriela Chileski es especialista en Producción y Sanidad Porcina, magíster en Salud y Producción Porcina y docente del Hospital Escuela Veterinario de Grandes Animales de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) y fue consultada desde el Departamento de Comunicación Institucional del Rectorado de la Unne, sobre las objeciones que se argumentan.
Para Chileski no resulta correcta la afirmación de que un sistema de producción industrial de carne con características de factorías (como sería el caso de la pro­ducción de carnes de cerdo que encararía Argentina) es el caldo de cultivo ideal para la propagación de patógenos y la aparición de nuevas enfermedades infecciosas. Y opinó que existe mucha información circulando a raíz de este anuncio, del cual hay información incorrecta que es bueno aclarar.
“Pensar que el cerdo es una fuente de enfermedades es erróneo, ya que cada una de esas granjas trabaja bajo estrictas normas de bioseguridad, y yo creo que si se respetan esas normas se puede producir cerdos de forma segura”, remarcó y consideró que hay una gran confusión entre lo que es un proyecto productivo con los riesgos de la salud humana.
“Se habla sobre la posibilidad de que la carne de cerdo termine siendo un transmisor de antibióticos, y que cuando una persona lo consuma termine causando resistencia. Es algo muy alejado de la realidad”, señaló. En ese sentido, explicó que en producción porcina se está trabajando en lo últimos tiempos en la reducción en el uso de antibióticos. “Se lo utiliza de manera eventual, bajo las normativas del Senasa y con prescripción del médico veterinario de la granja”. Como alternativas se utilizan probióticos, prebióticos, acidificantes y la estimulación del sistema inmunitario, “contando además con que cada animal que va a faena cuenta con un periodo de restricción previo para que no quede ningún residuo de antibiótico en la carne”.
La especialista de la Universidad señaló que si estuviera asesorando la puesta en práctica de este proyecto, habría ciertos cuidados que remarcaría para evitar im­pactos en el ambiente y en la salud humana, pero confía en que estos emprendimientos manejan un sistema de bioseguridad muy estricto. De todas maneras y para extremar controles, sugeriría trabajar con sistemas de certificación que verifiquen que los procesos se están llevando a cabo de forma correcta. “La producción porcina se basa en la prevención, y eso pasa por la bioseguridad”, expresó.
En referencia a si existe riesgo de impacto ambiental en cuanto a un crecimiento muy marcado de la producción como generaría un acuerdo con China, manifestó que la producción porcina genera efluentes, los cuales al ser mal utilizados son nocivos para el medioambiente, pero existen legislaciones nacionales, provinciales y municipales que regulan su tratamiento.
La producción de cada una de estas nuevas granjas tendrá un tratamiento controlado de estos efluentes. Con la utilización de plantas de biogás, las heces mediante producción anaeróbica producirán el gas metano con el que se generará energía eléctrica para abastecer los establecimientos y también, eventualmente, a la energía eléctrica pública.
A su vez, hay un proceso de separación de desechos sólidos que son utilizados como fertilizantes. En cualquier granja de cerdos, los efluentes son utilizados como fertilizantes orgánicos resultando útiles para la reposición de nutrientes en el suelo
El mercado argentino
El proyecto impulsado por China, que daría lugar a un acuerdo con Argentina, propone para los próximos 4 a 6 años instalación de 25 granjas de 12.000 madres porcinas, que producirían 900.000 toneladas de carne. Ahora bien, para producir cerdos se necesita disponibilidad de granos (maíz y soja) que representan el 70% del costo de producción.
En cuanto a superficie disponible, Argentina tiene actualmente 2-3 cerdos por km2 en comparación con países de la Unión Europea que tienen 70 cerdos por km2; además cuenta con un clima adecuado y un estatus sanitario de excelencia.
La docente-investigadora de la Unne, Gabriela Chileski, señaló que la producción porcina nacional crece muy fuerte desde hace 20 años. Argentina cuenta, según Senasa 2018, con 19.770 establecimientos productivos, de los cuales el 98,9% corresponden a lotes de entre 10 y 300 cerdas y además tienen en su poder el 73,4% de las madres existentes. El resto son medianos y grandes productores (1,1%).
La faena en el mes de julio de este año llegó a las 4.029.508 cabezas, aumentando 110.946 cabezas en comparación al mismo período de 2019, el consumo interno se encuentra entre 14 a 16 kg/habitante/año.
El modelo productivo
Ante la consulta de si, en base a lo que se conoce, se estaría frente a otro capítulo del modelo extractivista similar al de la soja, la veterinaria Gabriela Chileski señaló que “no es cierto que se va a desmontar para generar granos, al contrario, se van a utilizar más los granos que ya se están produciendo en el país, que ronda en los 130 millones de toneladas, los cuales están prácticamente subutilizados ya que Argentina vende granos, aceites o fuentes proteicas y no los transforma en valor agregado”. Agregó que actualmente en Argentina el sector porcino consume el 3% de la producción total de maíz y el 1% de la producción de soja. Con la puesta del proyecto, se consumirá el 6% del maíz y el 2% de la soja que se produce en el país.
El proyecto plantea que todo lo que se produzca será para el mercado de exportación, no será destinado al consumo interno, por lo tanto la producción nacional de cerdo no se debería ver afectada, si bien hay mucha incertidumbre sobre cómo va a poder convivir la producción nacional con este proyecto.