11/07/2020

​Los revolucionarios


Daniel Collinet
La República
 
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Semana de Mayo. El pueblo quiere saber de qué se trata. Y aunque se muestra paciente en sus actos y moderado a la hora de declarar, busca noticias alentadoras sobre el futuro inmediato. Noticias que definitivamente alejen al enemigo importado de otras latitudes y que tan mal ha hecho y sigue haciendo a tanta pero tanta gente. La lluvia amenaza y la tormenta sin fin no anticipa, en lo inmediato, un cese. Ahí están los paraguas de un pueblo, que se atreve de a poquito a salir a la calle, convencido de que ciertas cosas caerán por su propio peso. Días en que vivimos coronados de corona. Y en los que la gloria se mide más por perseverancia que por rebeldía. O en todo caso, hay rebeldes silenciosos que intentan dejar en orsái al que los tiene encadenados. Enjaulados. Encerrados. Encuarentenados. Los revolucionarios se juntan sin juntarse. Planean sin que se note. Avanzan sin dejar huellas. Y se esperanzan. ¡Claro que se esperanzan! Viene asomando el sol del 25. Viene mostrándonos por estas horas a esa interminable lista de patriotas que se juega el pellejo en cada lugarcito de cada barrio, de cada paraje, de cada pueblo, ciudad, provincia y revolucionarios vestidos de médicos, de policías, de recolectores, de choferes, periodistas, repositores, almaceneros, farmacéuticos, maestras, maestros, madres, padres, y cada vez son más. Revolucionan también los que aparentaban exponer la derrota de sus vidas comerciales y sacaron fuerza e ideas de no sé dónde, para arrancar de nuevo. Por más duro que sea el enemigo, hay demasiado en juego como para perder por muerte. Vendrán días felices. De rotas cadenas. Los libres del mundo que de a poquito aparecen y le dan crédito a este pueblo, que busca libertad y pregona la salud por sobre todas las cosas. Algo revolucionó nuestras vidas, es cierto. Pero hay una revolución en marcha, que pretende poner cuanto antes, las cosas en su lugar. De eso, y solo de eso, se trata.