23/01/2020
CERRAR

EN VIVO
Fiesta Nacional del Chamame
Ampliar

​Lo devotos del Gaucho Gil, entre los precios escandalosos y la falta de servicios


La fe mueve montañas. Cientos de miles de argentinos llegados desde los más remotos lugares de la Argentina así lo demuestran cada mes a pocos kilómetros de la ciudad de Mercedes cuando llegan para agradecer al Gauchito Gil por los favores recibidos algunas veces o para pedir nuevos milagros.
Pero no sólo montañas de ilusiones, de agradecimientos y de pasiones se mueven alrededor del Gaucho Gil. También se mueven montañas de intereses renovadas cada principio de año. “Están lucrando con la fe de los argentinos, y esto da asco” decía un peregrino llegado de La Plata mientras preparaba pollo a la parrilla para casi cien personas llegadas en micros desde La Plata, Ensenada y Berisso, en la provincia de Buenos Aires.
“12 mil pesos nos querían cobrar por cada colectivo para estacionarnos acá, terminamos arreglando por 10 mil por cada coche, pero haciendo algunos pocos un esfuerzo enorme, porque la mayoría de la gente que viene es gente humilde que no puede enfrentar ese tipo de gastos” decía el hombre entre la bronca y el dolor.
Hay distintos lugares para acampar, y todos tienen un precio para nada barato si los comparamos con por camping en zonas turísticas y con servicios adecuados. Los llamados camping o paradores tienen para un colectivo o camión un costo que va de los 12 a los 6 pesos, y para un auto entre 4 y 5 mil.
La diferencia está en dos aspectos fundamentales: La proximidad al santuario y que en el más caro cuentan con un tractor propio para sacar a los que se queden empantanados si llueve como suele suceder habitualmente.  Quienes no paren ahí deberán pagar extra si se empantanan.
Si quieren que les bajen algo de electricidad al lugar que ocupan deben pagar 500 pesos extras, y lo mismo si quieren que les corten el pasto en la zona. No hay baños y las parrillas –si a eso se le puede llamar parrillas- son ilusiones ópticas. Ni árboles para refugiarse de los soles implacables hay en esos paradores.
Atender necesidades fisiológicas también tiene un costo en estos días en el predio del Gauchito. Y Si se quiere bañar el costo aumenta casi al doble.
Los precios de alimentos, bebidas, velas, estampitas o imágenes se disparan a casi un 100% de su costo habitual. Son los siete días de oro que viven la gigantesca maraña de comerciantes informales de los más variados rubros que se ha formado alrededor de la figura y el santuario del Gaucho Gil, un santo popular a cuyo alrededor ningún precio es popular.
Un Gaucho Gil cuya festividad concita incluso la atención de turistas de otros países que en motos o vehículos pasan por el lugar y sorprendidos bajan a conocer y no duda en hacer más de una hora de cola para poder llegar a la imagen del Gaucho y poder los bailes o las “musiqueadas” con las que se pagan las promesas, lo único para lo que parece no hay que poner un centavo.
Un santuario donde las tensiones existen y ponen en alerta a las fuerzas de seguridad. Es que en el 2019, un numeroso grupo de promeseros, entre ellos muchos jinetes, amenazaron con derribar todos los chapones y puestos comerciales en torno al santuario y muchos peregrinos ocasionales se les unió. Este año esa promesa ha sido renovada y el temor está latente.
“Acá se mueven millones de pesos, se recauda millones, pero así es la fe, vamos a volver igual aunque no nos güiste” decía un peregrino que desde hace 30 años llega desde Buenos Aires cada 6 de enero para irse el día 9.
La fe mueve montañas, sí, pero algunos aprovechan la fe para mover montañas de dinero, tanto que muchos pedidos este año, lo decía una veterana devota que recorre cada año 2000 kilómetros para venir a agradecer, van a ser para que alguna vez sea una festividad ciento por ciento popular, hasta en los precios.