20/02/2019

El quincho de Jensen, un espacio de enchamigadas


Desde hace varios años –tantos que ya se convirtió en una tradición–, amigos músicos y amantes del chamamé en general se congregan en el quincho de la casa de Juan Carlos Jensen como una  continuidad del Festival del Auténtico Chamamé Tradicional de Mburucuyá. 
A cuatro meses de la desaparición física del poeta mburucuyano –falleció el 11 de octubre–, sus hijos decidieron seguir con el ritual y ayer al mediodía, alrededor de 200 personas dijeron presente y se pusieron al reparo del quincho y media sombra para honrar al amigo y tantos chamameceros y amantes de la música que siempre se reunían en ese lugar.
Fue allí, en ese mismo quincho,  en el que sus amigos lo despidieron con guitarreada y un sinfín de anécdotas. 
El menú de ayer para celebrar la vida, el chamamé y los amigos fue asado y guiso de fideos, dos de los platos favoritos de Juan Carlos.  Y un improvisado escenario, se iban sucediendo los músicos y amigos que querían amenizar la reunión. 
Karin Jensen, hija y compañera de viaje de Juan Carlos, fue quien presidió un poco la organización de esta gran juntada. “A él le gustaba estar con sus amigos, celebrarlos y compartir con ellos, por eso con mis hermanos decidimos continuar con esta tradición”, cuenta a todo aquel que lo quiera escuchar. 
Tanto es así que fue precisamente Karin quien hace varios días compartió, a través de las redes sociales, un video de Juan Carlos en el que sintetiza el espíritu de esos encuentros y lo emblemático que resulta el quincho. Con esas imágenes, ella invitó a quienes quisieran compartir unos momentos. 
Pero las emociones también se fueron sucediendo en esa propiedad porque allí se descubrió un mural en que se extractan versos de algunos de sus poemas y hasta se talló, bajo la técnica del esgrafiado, el perfil del poeta. 
En una de las paredes se puede observar un verso de A mis amigos, uno de los poemas más reconocidos de Juan Carlos y, sin duda, también entre los emblemáticos. 
“La tradición seguirá de pie en tanto y en cuanto un chamamecero decida compartir y compartirse”, dijo Juan Esteban, uno de los miles de fanáticos del género tradicional y también defensor.  
Después, cuando las bordonas y acordeones se acallen, los devotos de esta música llevarán una brasita que se conservará incandescente en sus corazones, con la promesa de volver a Mburucuyá dentro de un año, para reavivarla. 
En los próximos días, Mburucuyá retornará a la normalidad, pero en realidad solo estará juntando ganas y fuerzas para volver a juntarse. Algo similar sucederá con el quincho de Juan Carlos Jensen, que de ahora en adelante se convertirá en un lugar en el que año a año más amigos y amigos de amigos se sumarán a las enchamigadas, esas que alimentan y hacen vibrar el alma. 
En 2020, volverán las razones para armar fogones. Y el quincho los estará esperando con el corazón abierto sin ningún tipo de distingo ni preferencias.