02/02/2023

Crítica situación de los productores cooperativos frente a un pronóstico complejo y la falta de repuestas



Las diferentes regiones argentinas mostraron su preocupación ante la sequía, heladas, granizo y la falta de financiamiento, entre otros temas transversales a todas las economías. Los productores correntinos Orlando Stvass y Nicolás Carlino, presidente y vice -respectivamente- de la Federación de Cooperativas de Corrientes (Fedecoop), son dos de los consejeros de Coninagro que relataron en primera persona la situación que viven las distintas provincias, en el informe difundido por la Confederación sobre las Economías Regionales de Argentina.

La situación de la yerba mate sigue siendo similar al año anterior con menos producción, las plantas muy afectadas por el estrés de los incendios de comienzo de año y la sequía. No hay respuestas en brotación para poder producir un volumen importante de hojas. “Los yerbatales están enfermos y deteriorado su sistema radicular y de producción. Es una situación compleja la que atraviesa el productor cooperativo yerbatero. En cuanto a los precios no acompañan la inflación, están por debajo. Los costos han superado los incrementos que hemos tenido esto hace un contexto de desventaja con respecto a años anteriores. Se ha perdido competitividad por falta de producción y de precios. Estamos ahora en un período de sequía con regímenes bajos de humedad en el suelo, y en caso de seguir este clima, complica aún más la situación, describió Stvass, quien también es tesorero de Coninagro.

“Desde hace tres años por el tema agua las plantaciones de cítricos no logran recuperarse. Ese daño se acentúa en la producción y en enfermedades en las plantas, lo que reduce volumen. En caso de persistir la seca la situación preocupa y es grave, porque perjudica la producción del próximo año. Además, tenemos que agregar la falta de competitividad con respecto a otros jugadores en el plano de las exportaciones. Las plantaciones citrícolas están desfinanciadas y con un panorama interno complejo”, dijo Carlino.

En Córdoba, Juan Salvay comentó que las últimas lluvias no alcanzaron a contrarrestar el efecto de la sequía y las altas temperaturas. Continúan con déficit hídrico marcado y demorada la labor de algunos cultivos. “Serían claves las lluvias de fin de año, para el desarrollo del estado vegetativo de los cultivos y poder retomar la siembra. Se están monitoreando los maíces tempranos, en los cuales ya hay pérdidas importantes en algunas zonas. De no recibir abundantes lluvias la provincia en los próximos días, se complicaría la situación en extrema gravedad”, dice el productor cordobés.

En la cadena láctea, por Santa Fe y Córdoba la situación es crítica. Se ha enviado una nota a las autoridades nacionales con la preocupación por la sequía, la intervención del estado con el dólar soja y la suba de alquileres lo que hace un impacto de la suba de entre el 15% al 20% de los costos de la leche, además de la suba general de costos, baja de precios internacionales y programa de precios justos. Javier De la Peña, de la Junta Intercooperativa de productores de Leche, comentó que para los primeros seis meses del 2023 la reserva de pastura es de muy mala calidad, es decir faltarán reservas para el año con bajo rendimiento de esas pasturas y falta de alimentos para las vacas. En caso, que no llueva antes de febrero ya no hay posibilidad de gestionar reservas lo que determina un problema serio para la cadena.

Siguiendo en Santa Fe, la situación de la ganadería bovina termina con una foto de un año complicado, estancado y con mucha incertidumbre. “Para el productor la carne vale lo mismo en pesos que hace cinco meses atrás con una inflación que avanza a otro ritmo, lo que complica la situación. La sequía está pegando fuerte con un impacto solo comprendida por los afectados, generando una sobre oferta por mayores ventas ante la falta de receptividad en los campos y altos costos de los alimentos. El consumo interno no tracciona, con salarios deteriorados poca capacidad de compra y posibilidad de convalidar aumentos a pesar de que el precio de la carne en mostrador tuvo aumentos muy inferiores a la inflación. En el plano internacional el mercado externo continúa con controles, restricciones y en los principales destinos como China o Europa están comprando menores volúmenes y pagando precios en dólares mucho más bajo. Hay que avanzar en temas pendientes en la agenda pública, que nos ayuden a mejorar la competitividad de toda la cadena”, dijo Felipe Tavernier, consejero de Coninagro en Santa Fe.

También en el sector ganadero estamos hablando de desastre en algunas zonas principalmente en la pampa húmeda, en el Litoral, Chaco, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Hay una situación de crisis climatológica grave; hace cerca de 30 años no se observaba este fenómeno. “Esto implica pérdida de forraje, pastura y en gral. de productividad. Creemos que los gobiernos deben trabajar en un plan estratégico para las emergencias, con una ley de seguro integral agropecuario. Estamos necesitando financiamiento con una ley impositiva justa para todos” comentó Gonzalo Alvarez Maldonado representante de Coninagro en la Mesa de Carnes.  




Por el norte del país no se observan cambios. “Misiones sufre los mismos problemas que el resto de las economías por el manipuleo discrecional del tipo de cambio y la carga tributaria que nos hace perder competitividad, mercados y oportunidades comerciales, dejando como resultado menos trabajo, menos actividad productiva y más pobreza”, argumentó Manfredo Seifert. A esto debemos sumar las políticas que compiten con nuestras demandas de mano de obra que para muchas economías regionales es fundamental en el momento de la recolección de la producción. 

“En lo particular la productividad estuvo muy comprometida por el aspecto climático con tres años consecutivos de déficit hídrico, llegó al desabastecimiento de almidón de mandioca en el mercado y se pronostica un panorama aún más grave para el próximo año y la pérdida de capital al productor fue incalculable. La actividad forestal quizás la que está en peores condiciones para los productores primarios, porque no tienen donde ubicar su producción, no hay inversiones industriales, existe un 50% de la capacidad industrial ociosa, los mercados cada día se restringen más y al productor con este escenario no les queda otra que abandonar la actividad. En síntesis, lamentablemente se pronostica un 2023 oscuro con más descapitalización”, vaticinó el Consejero de Coninagro en Misiones.

La transversalidad de los problemas tiene continuidad en Entre Ríos. La situación es grave, se ha solicitado a la provincia que se tomen medidas frente a la sequía extrema con bajas precipitaciones y altas temperaturas. “Nuestras producciones en general están graves con una ganadería que necesita políticas para revertir el momento. En cuanto a cultivos se ha sembrado casi un 25% menos con baja calidad y pérdidas totales. Necesitamos medidas que alivien los costos de la producción. Declarar emergencia o desastre no es todo, el gobierno tiene que asumir que hay que tener una visión más amplia del problema. En un futuro se observa una situación grave, alimentos balanceados en alza y en general costos de producción por arriba de los ingresos de los productores” dice Edgardo Barzola consejero de Coninagro en esa provincia.  

El productor de Pampa del Indio, zona rural de Chaco, Juan Hutak argumenta que la sequía intensa cubre prácticamente toda la provincia. Las consecuencias son lógicas: falta de agua y alimentación para el ganado. La agricultura está sufriendo un estrés hídrico total. “Los productores no tienen posibilidad de hacer frente a los compromisos con proveedores de agroinsumos. El algodón implantado hasta el momento es de 75.000 has.; el resto sin sembrar por falta de humedad en el suelo. Las napas de agua subterráneas cada vez más escasas, con perforaciones de agua insalubres para los animales. En cosecha gruesa con notable atraso. En general la situación complicada en adelante, no hay pronósticos a corto plazo de lluvias”, comentó el productor chaqueño.

En Buenos Aires, se espera también un retraso en la cosecha y menor producción similar al norte de la provincia.  Las heladas de los cultivos y la falta de lluvias no satisfacen la necesidad de demanda de agua. El aumento de precios de la papa y otros productos frutihortícolas están señalados por una menor producción y no el aumento de la demanda en el mercado externo o interno, por lo que no lo van a poder aprovechar los productores para aliviar situaciones financieras. “El productor cooperativo necesita con políticas claras saber como puede hacer para mitigar esta situación de crisis en el sector”, argumentó Mario Raiteri, secretario de Coninagro.  

La vitivinicultura no está fuera de la línea nacional de crisis. En Mendoza y San Juan la situación después de la helada ha dejado a una gran cantidad de productores afectados en los diferentes oasis con daños muy importantes que llegan al 100%. “Los productores necesitamos financiamiento para poder llegar con los costos de producción a la cosecha 2024. En esta temporada es fundamental el acompañamiento de financiación de subsidios de tasa, ya que el productor se encuentra sin capacidad financiera para enfrentar los costos”, puntualizó Marcelo Federici, vicepresidente de Coninagro.

El presidente de Coninagro, Elbio Laucirica, comentó frente a esta radiografía nacional que entiende que las autoridades tienen que tomar nota de lo que nos espera en 2023: “el efecto de las inclemencias climáticas en los pueblos rurales significa que menor producción son menos ingresos para sus economías, afectando el comercio y los servicios”, expresó el dirigente, a lo que agregó: “La grave situación actual merece un planteo de políticas activas del sector, tipo de cambio, financiamiento, leyes, asistencia financiera, entre otras. Con la emergencia agropecuaria no alcanza, el productor cooperativo no puede avanzar. Las pérdidas son significativas y entendemos la situación, pero hay que observar lo que viene y tomar decisiones políticas que generen previsibilidad al productor agropecuario. Además esta grave situación en los pueblos de las diferentes economías regionales se derrama e impacta en una baja de consumo en esas localidades, con menos comercialización, transporte y un freno general en la economía”.