05/12/2022

Rosa y Estela, dos mujeres mayores pilares de las luchas socioambientales en la Argentina



Rosa Farías y Estela Lemes son protagonistas de luchas socioambientales en la Argentina, dos ejemplos locales del rol clave que desempeñan las mujeres mayores frente a desafíos globales como la crisis climática, una tarea que Naciones Unidas llama a visibilizar en el Día Internacional de las Personas de Edad cada 1 de octubre.
"La pandemia de Covid-19 ha exacerbado las desigualdades que existían de base y ha intensificado los impactos socioeconómicos, ambientales, climáticos y de salud en la vida de las personas mayores, especialmente en las mujeres mayores que constituyen la mayoría de las personas de edad avanzada", indicó al respecto la ONU.
En este sentido, agregó: "A pesar de que las mujeres mayores continúan contribuyendo significativamente en la vida política, civil, económica, social y cultural, sus aportes y experiencias siguen siendo invisibles y desatendidas, limitadas por las desventajas de género acumuladas a lo largo de la vida".
"La intersección entre la discriminación basada en la edad y el género agrava las desigualdades nuevas y existentes, incluidos los estereotipos negativos que combinan discriminación por edad y sexo", señaló.
En este contexto, el organismo internacional llama este año a "escuchar las voces de las mujeres mayores y mostrar su resiliencia y contribuciones en la sociedad, mientras se promueven diálogos sobre políticas para mejorar la protección de los derechos humanos de las personas mayores y reconocer sus aportaciones al desarrollo sostenible".
Argentina, una tradición de mujeres que luchan
Argentina cuenta con una larga tradición de mujeres que han luchado por sociedades más justas: las madres y abuelas de Plaza de Mayo sean quizás la expresión más conocida de esa resistencia.
Pero en el contexto actual de crisis climática, las luchas socioambientales son clave para la supervivencia del planeta, y en este ámbito las mujeres vuelven a ser punta de lanza de esas resistencias.
Hace quince años, Estela Lemes -directora de la Escuela Nina Rural Bartolito Mitre, en la localidad de Costa Uruguay Sur, en Entre Ríos- estaba junto a sus hijos comiendo un asado cuando un avión mosquito pasó fumigando un campo lindero y los roció con el agroquímico que estaba aplicando.
"Lo pensé simplemente como una falta de consideración por parte del hombre que manejaba la máquina. Al poco tiempo el problema pasó a tener otras dimensiones cuando comenzaron a fumigar directamente sobre la escuela. Sin importarles que hubiera chicos en guardapolvos jugando durante el recreo", recordó.
Y añadió: "Esa vez, no sólo fue más grande la indignación, sino también la alarma por las consecuencias inmediatas que la fumigación tuvo sobre los chicos: sarpullidos, picazón, problemas respiratorios".
Desde entonces Lemes se convirtió en una referencia en la lucha de las escuelas y pueblos fumigados, pero además abrazó causas ambientales y sociales de todo tipo.
 
"De las luchas que conozco no hay una sola que no sea impulsada por la fortaleza y las ideas de mujeres, muchas de ellas mayores. Desde los reclamos de la asamblea ambiental de Gualeguaychú contra (la empresa) Botnia, hasta la actual lucha en defensa de los humedales, las mujeres hemos tenido un espacio vital y hemos sido, en muchos casos, el principal motor", aseguró.
Para Estela, ese rol de las mujeres mayores -y de las mujeres en general- no es "de simple participación, es de propuesta, impulso, debate, disputa, formación de ideas y lenguaje; las mujeres hemos decidido tomar el papel que nos corresponde en la sociedad, y en consecuencia, en la lucha por cambiarla".
A fines de la década del '90, la minera La Alumbrera comenzó la exploración en Catamarca para la instalación del yacimiento Bajo de La Alumbrera.
"No teníamos idea de qué se trataba la megaminería. Allí comenzamos a investigar y, con la ayuda de muchas personas de la ciencia y de otros países que ya tenían experiencia, fuimos aprendiendo; desde entonces no he parado de luchar hasta hoy", cuenta Rosa Farías, docente jubilada, residente de Andalgalá, Catamarca, y una de las fundadoras de la Asamblea El Algarrobo.
"Esta lucha me ha hecho despertar a una conciencia que no tenía", dijo Rosa, quien afirmó que "las mujeres y todas las personas mayores, desde la humildad, servimos de guía y acompañamiento a las generaciones más jóvenes en las luchas; por ejemplo, cuando se decide una medida como un corte de ruta, muchas mujeres grandes somos las que encabezamos las acciones".
"Este acompañamiento no sólo es moral, yo estoy con problemas de salud, pero hay compañeras de 60 y compañeros de 70 años que todavía ponen el cuerpo en las acciones", destacó.
Para Rosa, el desafío de las mujeres -y de todas las personas- mayores es "deconstruirnos para entender y dar luchas por la igualdad de género, que quizás no estaban tan presentes cuando éramos más jóvenes".
Sin embargo, ni Rosa ni Estela viven las luchas sólo como un legado hacia las generaciones futuras, sino como una posibilidad de transformar el presente.
"Mientras esperamos ese futuro mejor, se da un presente en el que podemos crear un nuevo ambiente moral para habitar. Ya no limitarnos a correr detrás de la creación de leyes, sino nosotros mismos, los vecinos y vecinas, construir comunidad, tender puentes de diálogo, canales de solidaridad que hagan una vida mejor para todos. Desde ese punto, las posibilidades de un mejor presente son ilimitadas", concluyó Lemes.
El 14 de diciembre de 1990, la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la Resolución 45/106, designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad.
Según datos de la ONU, entre 1950 y 2010, la esperanza de vida en todo el mundo aumentó de 46 a 68 años; a nivel mundial, había 703 millones de personas de 65 años o más en 2019; y durante las próximas tres décadas se estima que el número de mayores aumente a más del doble, llegando a más de 1.500 millones en 2050.
Los países en desarrollo albergarán más de dos tercios de la población de edad avanzada del mundo (1.100 millones) en 2050; sin embargo, se prevé que el aumento más rápido se produzca en la división de los clasificados como países menos adelantados, donde el número de personas de 65 años o más podría pasar de 37 millones en 2019 a 120 millones en 2050 (225%).