02/10/2022

La reintroducción de especies y restauración ecológica, los caminos a andar sobre las cenizas

   



El cambio climático ha sido inclemente con el Norte del país y, especialmente, con la provincia de Corrientes en el 2022. La escasez de lluvias -que provocó una prolongada sequía-, llevó a la región a tener escenarios impensados: Caudalosos ríos como el Paraná, uno de los mayores ríos de Sudamérica, en niveles históricos de bajantes. Espejos de agua reducidos a charcos o barriales, embalsados convertidos en una peligrosa masa de vegetales secos. La casualidad y la mano del hombre hicieron el resto. El fuego terminó llevándose el 12% de la superficie de la provincia y el 40% del Parque Nacional Iberá, esa joya natural que es el segundo humedal más grande del continente, y cuya vida animal y vegetal gira en torno al agua.
 
Los Esteros del Iberá son, tal vez, el territorio que guarda la última muestra en América del Sur, de pastizales subtropicales en buen estado de conservación en grandes extensiones. Un humedal de enorme valor ecológico con una superficie de 1.300.000 hectáreas, de las cuales 768.000 forman una de las áreas protegidas más grandes del país. En Sudamérica, solo el Pantanal brasileño supera en tamaño al Iberá, donde viven unas 343 especies de aves, el 30% de las identificadas de la Argentina, y se contabilizaron 1654 especies de plantas y alr4ededor de 500 de algas.
 
Alrededor de 75.000 hectáreas de ese paisaje maravilloso y atrapante cayeron bajo de él fuego, algunas veces descontrolado iniciado por la mano del hombre, causando un efecto directo a la vida silvestre. La sequía y los incendios, destruyeron gran parte de la flora y redujeron la disponibilidad de alimento para la fauna que ha sobrevivido.
 
“Yo personalmente no soñé nunca en mi vida, no se me cruzo por la cabeza que el Iberá iba a prender fuego, todo!!!, pero sucedió” dice Vicente Fraga, uno de los impulsores desde la hora cero de la preservación del lugar y actual director de Parques y Reservasde la provincia de Corrientes. “El campo correntino siempre prendió, fuego, siempre, incluido yo, pero la seca de estos dos años, los fuegos provocados, más los que sucedieron por casualidad, como que un rayo caiga en plena seca, fueron un verdadero desastre” afirma.
 
Por su parte, Sofía Heinonen, directora Ejecutiva de Fundación Rewilding Argentina, asegura que “estamos viviendo los efectos de la crisis climática en primera persona: vemos arder montes húmedos y humedales desde las bases porque el material vegetal que antes estaba cubierto por agua quedó expuesto por las prolongadas sequías y hoy es material combustible. La recuperación es posible, pero necesitaremos tiempo y la presencia de las especies de fauna clave de Iberá para tener éxito en la restauración que se viene”.
 
Un desafío doble. La Fundación Rewilding lleva a cabo desde hace unos años una tarea de reintroducción de especies extintas en los Esteros del Iberá, así como en otros ambientes naturales de la región, el Parque Nacional el Impenetrable por ejemplo. Salvar a la fauna y a la flora en un ambiente desbastado, pero que a la vez es el lugar ideal para reintroducir especies.
 
"Nosotros trabajamos mucho para lograr un ecosistema completo, además de generar áreas protegidas y de trabajar para que esas áreas protegidas sean Parques Nacionales o provinciales. Trabajamos con la figura de ecosistemas completos, porque entendemos que cada eslabón del elenco faunístico es importante, no solamente conservando lo que hay sino dando un paso más allá, que es trayendo de vuelta lo que ya no está. Es en un tipo de conservación activa y es así como en Iberá empezamos a traer de vuelta a las especies que se fueron como él oso hormiguero, yaguareté, venado las pampas, guacamayo rojo, chuñá de patas rojas. Hay muchos animales que lamentablemente fuimos perdiendo y que sabemos que son necesarios en este ecosistema completo para que haya un equilibrio natural”, explica a La República Digital la Coordinadora del Proyecto Iberá de Rewilding Argentina, Marisi López.


 
En estas miles de hectáreas que corresponden a humedales, pastizales y bosques únicos en su tipo por su biodiversidad, tienen su hogar especies amenazadas de extinción como el venado de las pampas, el aguará guazú y el yetapá de collar. La pérdida de ambientes naturales, tanto fuera como dentro del Parque, tienen un impacto sobre la biodiversidad incalculable.
 
Porque además de los daños directos a la vida silvestre, los incendios y la sequía redujeron la disponibilidad de alimentos para la fauna que ha sobrevivido. Los habitantes silvestres de este ecosistema deberán ahora competir por comida y hábitat.
 
Este trabajo de Rewilding comenzó allá por el 2007, cuando llegaron los primeros osos hormigueros, y fueron llegando otras especies como el yaguareté –que hacía más de 70 años que habían desaparecido de la región-, la nutria gigante y los guacamayos rojos.
 
López admite que será un proceso “a largo plazo no solamente largo en el tiempo de lo que lleva, sino que los resultados se van a ver en el largo plazo”, pero exhibe como un éxito de la fundación para la que trabaja el hecho, por ejemplo, de que ya hay seis cachorros de yaguareté nacidos en el Iberá y que recorren la zona.
 
Claro que llegar a ese punto no ha sido fácil. “Tuvimos que comenzar por investigar las leyendas que hay sobre el yaguareté, los chamanes que hablan de el, como la cultura todavía reflejaba esa impronta en los murales que tiene corrientes en el nombre del Concepción del Yaguareté Corá. Tuvimos que revisar pinturas, libros, historias, antes de decir que Corrientes está preparado para recibir al yaguareté”, recuerda esta correntina que está a cargo de la coordinación del proyecto Iberá.
 
Ese trabajo de reinserción de especies que arrancó hace 15 años reinstaló nuevamente en la zona de los esteros del Iberá especies extintas en la región: Yaguareté, Nutria Gigante, Oso Hormiguero, Venado de las Pampas, Pecarí de Collar, Guacamayo Rojo, Muitú y Chuña de Patas Rojas ya transitan o vuelan nuevamente en la región. Sufrieron las consecuencias del fuego, pero sobrevivieron y dan esperanzas de volver a ver el segundo mayor humedal del continente como fue en un principio.


 
Resta mucho camino por andar
Pese a lo avanzado del programa en Corrientes y que ahora la misma fundación llevó al Parque Nacional Impenetrable en la provincia del Chaco, el camino por andar es aún largo para restablecer un medio ambiente natural degradado debido no solo a los cambios climáticos sino además a la mano del hombre.

Martín Kowalewski es biólogo, antropólogo e investigador del CONICET y especialista en primates a los que investiga desde la Estación Biológica Corrientes y desde donde alertó sobre la situación de peligro de extinción del mono carayá, una especie que en Corrientes tiene el máximo nivel de protección desde noviembre pasado, cuando una ley provincial lo declaró monumento natural.
 
“Cuando empezamos y tratamos de identificar las principales amenazas para los monos carayá, pensamos en la pérdida de hábitat, el comercio ilegal y la fiebre amarilla. Pero no se nos ocurrió pensar en los incendios, que ahora se han convertido en la amenaza principal”, dice Kowalewski quien recordó que “veníamos estudiando el comportamiento de unos 20 grupos de entre 6 y 12 individuos cada uno desde hacía años. Con los incendios perdimos a la mitad de los grupos quemados y a otros cinco no volvimos a encontrarlos. Nos quedaron solo cinco grupos y lo más triste es que se vieron muy afectados ya que los carayá tienen crías entre abril y mayo de cada año, pero en 2021 no hubo nacimientos a pesar de que ya no había incendios”.
 
Mientras por un lado los esfuerzos buscan reinstalar especies, otras comienzan su declinación poniendo en riesgo su existencia misma. Los datos que entrega Kowalewski son un ejemplo, y los desafíos vuelven a multiplicarse y a exigir más esfuerzos para salvar una biodiversidad en peligro porque las poblaciones de especies autóctonas de la región, se ven drásticamente reducidas. Urge un cambio de conducta más profundo en el manejo y preservación del medio ambiente.
 
Pero no sólo en la fauna es el impacto. El daño en los bosques especialmente ha sido alto. Los pastizales se recuperan rápido, los humedales también. Pero los bosques pudieron perder especies de decenas o cientos de años de vida, y ese será el tiempo necesario para volver a tenerlos. La supervivencia de la fauna, entre ellas muchas de las especies reinstaladas, está dada en su papel clave de diseminadores de semillas, plantadores de bosques.

Aunque no se han clasificado la totalidad de especies de flora y fauna de Argentina, se estima que aproximadamente el 25% su biodiversidad se encuentra bajo amenazas de extinción y, lamentablemente, estas amenazas están originadas en su mayoría por actividades humanas. Muchas de las más de 1.600 especies de la flora correntina están dentro de ese 25 por ciento sobre el que se hace necesario trabajar.


 
Desde la Universidad Nacional del Nordeste se impulsa la que es, tal vez, la campaña más importante de la región de “restauración ecológica”. Licenciada en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura de la Universidad Nacional del Nordeste, e investigadora del grupo de Ecología Vegetal del Laboratorio de Ecología de la FaCENA, María del Rosario Montiel, reconoce el trabajo que se realiza en la reintroducción de especies de la fauna, pero entiende que esta también debe llevarse a cabo lo vegetal.
 
“Van a quedar un montón de problemas en el ambiente, los pastizales seguramente se van a recuperar solos” explica Montiel. Para la investigadora, “un montón de ambientes no se van a recuperar solos necesitan y necesitan que esto es justamente las líneas de trabajo que hacemos en el laboratorio, que yo trabajo que es la restauración ecológica, que es una visión práctica si herramientas que se basan tienen de conceptos de la ecología, o sea, utilizamos conceptos ecológicos para ayudar a rehabilitar ambientes que tuvieron algún tipo de disturbio y tratar de recuperarlos hacia el movimiento original o el ambiente potencial que podrían llegar a tener”.
 
“Esperamos que a pesar de que no se declaró como emergencia ecológica, sino solamente emergencia productiva, tengan en cuenta esto también, que el problema también es ecológico y nosotros necesitamos volver a poder tener el ambiente nos va a llevar décadas probablemente porque si es por ejemplo, los bosques tienen un tiempo muchísimo más largo para poder volver a recuperarse, obviamente por el tipo de crecimiento estructura y un montón de otras cuestiones que juegan en la restauración ecológica y la flora como la fauna, necesita un tipo de ayuda” dice Montiel no sin dejar de advertir que “si nosotros no vamos de la mano con la naturaleza. Esto nos va a seguir pasando y va a ser cada vez peor”.
 
La restauración ecológica que se propone desde FaCENA, es un accionar de múltiples prácticas y herramientas. Montiel pone un ejemplo: “los ecosistemas que pierden sus capacidades, por ejemplo, en los suelos, lo que sucede a repetición; y a través de diferentes herramientas intervenimos para recuperarlos, por ejemplo plantando árboles.
 
En ese marco cobra importancia también la realización de campañas como la que impulsan desde la Facultad de Ciencias Agrarias también de la UNNE, para recolectar semillas de árboles forestales, a fin de cooperar con proyectos de restauración de las áreas quemadas de la provincia.
 
“Debemos comprender como sociedad, que estamos viviendo en carne propia los efectos del cambio climático y tenemos que pensar en qué podemos hacer nosotros desde nuestro lugar para que esto no siga avanzando, además de estar preparados para lo que viene”, afirma Montiel.


 
Vicente Fraga, veterinario, nacido y criado en el corazón de los Esteros del Iberá desde donde siendo muy joven comenzó con la aventura de preservar el lugar, su fauna y su flora, es más optimista: “El campo se recupera muy rápidamente, si usted va hoy son muy pocos lugares donde se nota que hubo fuego, salvo que haya visto un monte antes y que ahora no va a estar probablemente, se recupera y hoy todo está verde, o sea, como que están todos floreciendo”.
 
No obstante advierte respecto al cambio climático y como se siente: “El clima de unos años a esta parte viene cambiando y mucho, yo creo que vamos hacia un clima tropical, la estadística te va marcando que cada día hace menos frío en invierno y más calor en verano, o sea, indudablemente, van a cambiar los periodos de lluvia y todo lo que sea el frío y el calor y tendríamos y hacer un poquito más estudiosos de este fenómeno”.
 
“Sin ser científico de nada, uno se da cuenta que está cambiando”, dice con un tono campechano propio de la gente del Iberá.
 
Cuando una especie se extingue, con ella se pierden las relaciones ecológicas que la misma tiene con otras especies, un hecho que ocasiona alteraciones en el funcionamiento de los ecosistemas y tarde o temprano esos cambios se reflejan en los ecosistemas de los que los humanos hacemos uso. El desafío es frenar es cambio, o por lo menos disminuir su impacto asumiendo cambios de conductas.