27/06/2022

El desafío de salvar la tierra sin mal del cambio climático



Estudios difundidos por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas), indican que la región puede sufrir consecuencias significativas sobre la población, los ecosistemas y las actividades económicas por el impacto del cambio climático. Esto es posible a pesar de ser la segunda zona del mundo, que menos gases de efecto invernadero emite.
 
De acuerdo a estos estudios, la región es altamente vulnerable a eventos climáticos extremos, al aumento de la temperatura, la modificación de los patrones de precipitación, reducción de la criósfera, alza del nivel de mar, sequías, inundaciones y huracanes.
 
El panorama es desalentador y la mano del hombre, es la principal responsable de esta situación. La buena noticia es que la misma mano del hombre, es la que puede revertir la situación con medidas que ayuden en un principio a contener los efectos del cambio climático en el ambiente.
 
Si eso no se logra con cierta inmediatez, se prevén pérdidas importantes en el sector agrícola y en la biodiversidad. En el 2009, la CEPAL había advertido que el cambio climático global costaría el 137% del PIB de 2007 de América Latina y el Caribe para 2100.
 
CEPAL es la una de las cinco comisiones regionales de las Naciones Unidas. Se fundó en 1948 para contribuir al desarrollo económico y social sustentable de los países de la región y tiene su sede en Santiago de Chile.
 

El cambio desde cerca

La región norte de la Argentina, se caracteriza por sus grandes extensiones ocupadas por agua, tanto superficiales, como subterráneas. Esta particularidad hace que sea una de las regiones argentinas con más rica biodiversidad del país, pero a la vez, es también una de las más castigadas por la mano del hombre en cuanto a desmonte y contaminación.
 
El Nordeste argentino es parte además de uno de los mitos más grandes de los antiguos pueblos de la región: el de la Tierra sin Mal. Este es un territorio mítico, parte de la leyenda guaraní. Su búsqueda apuntaba a llegar a un lugar puro, privilegiado, indestructible, donde la tierra produce por sí misma y donde no hay muerte. Una Tierra igualmente accesible a los vivos, donde sin pasar la prueba de la muerte, se podía ir en cuerpo y alma.
 
Pero ante los datos contundentes de los efectos del cambio climático, producto de la acción de la mano del hombre, ¿cuánto nos hemos alejado de la Tierra sin Mal?
 
Según estadísticas de la organización ambientalista Greenpeace, en los últimos 4 años la provincia de Chaco ha perdido por desmonte 130.177 hectáreas de bosques nativos, y Formosa otras 23.521 hectáreas. A esas cifras hay que agregarle las que en los últimos dos años se perdieron por incendios de campo producto de las sequías en estas dos provincias, Corrientes y Misiones.
 
Desde la sanción de la Ley de Bosques -allá por el 2007-, se desmontaron 959.769 hectáreas de bosques protegidos. Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Salta son las cuatro provincias con más desmontes. “La deforestación acelera el cambio climático y nos vuelve más vulnerables al aumento e intensidad de las precipitaciones, lo que provoca cada vez más inundaciones”, sostiene Hernán Giardini, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace.



 

Datos 
Manuel Pulido, es profesor de la Facultad de Ciencias Exactas Naturales y Agrimensura de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) y referente en la Argentina en el estudio del cambio climático. Desde su punto de vista, la primera evidencia de lo que es el cambio climático, son las mediciones de dióxido de carbono en la atmósfera (también conocido como anhídrido carbónico), que se realizan -por ejemplo-, en Hawai desde hace 50 años. Estosrevelan que el crecimiento de estos niveles de Co2, no tienen nada que ver con la escala de variabilidad de la propia tierra sino que directamente tienen que ver con la industrialización, o sea, la mano del hombre.
 
“Indica que hay un efecto directo del hombre sobre la tierra. Estamos cambiando el entorno donde vivimos”, sentencia Pulido en diálogo con La República Digital. Para el científico esto es “una muestra clara de cómo estamos afectando el entorno, no sólo en una forma local construyendo una casa con materiales, sino afectando en manera global”.
 
La explicación más gráfica indica que, al aumentar el CO2 en el aire, se produce el mismo efecto como si fuera un invernadero de vidrio, donde el calor de los rayos solares en retenido aumentando la temperatura. Eso es lo que le pasa al mundo. Ese aumento de la temperatura, produce los cambios ambientales que se denominan cambio climático.
 
“En estos años se han ido midiendo la temperatura en la tierra y uno ve que hay aumentos. El aumento medio puede parecer que es algo imperceptible porque se habla de un grado, pero eso es el aumento medio, lo importante acá son las perturbaciones, como es la variabilidad y, en la variabilidad un grado significa mucho, porque significa que donde antes había hielo en la cordillera hoy no los hay porque caen los niveles de congelamiento”, explica Pulido.
 
El pronóstico del científico, en coincidencia con el de muchas organizaciones y científicos del mundo es que se vienen tiempos extremos: de sequía a inundaciones, de calores agobiantes a fríos extremos, de la corriente de La Niña a la Del Niño, sin escalas.
 
Según nuevos datos climáticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hay un 50% de probabilidades de que, por lo menos en uno de los próximos cinco años, la temperatura media anual del planeta supere -transitoriamente- en 1,5 °C los niveles preindustriales. Y esas probabilidades aumentan con el paso del tiempo.


Los datos recolectados por esta organización de referencia para las Naciones Unidades en cuestiones meteorológicas, pueden sintetizarse de la siguiente manera:
 
Para cada año comprendido entre 2022 y 2026, se prevé que la temperatura media anual en superficie del conjunto del planeta sea entre 1,1 °C y 1,7 °C superior a los niveles preindustriales, que corresponden a la media del período 1850-1900.
 
Hay una probabilidad del 48 % de que, en al menos uno de los años comprendidos entre 2022 y 2026, la temperatura mundial cerca de la superficie supere en 1,5°C los niveles preindustriales. Hay una probabilidad mínima (10%) de que la media quinquenal supere ese umbral.
 
Hay una probabilidad del 93% de que al menos uno de los años del período comprendido entre 2022 y 2026 desbanque a 2016, como año más cálido jamás registrado. La probabilidad de que la media quinquenal correspondiente al período 2022-2026, sea superior a la de los últimos cinco años (2017-2021), también es del 93%.
 
En comparación con la media de 1991 a 2020, se prevé que la anomalía de temperatura en el Ártico, sea más del triple que la anomalía media mundial, una vez que se haya calculado el promedio correspondiente a los próximos cinco inviernos prolongados del hemisferio norte.
 
No hay indicios que apunten a la formación de un episodio de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) en el trimestre de diciembre a febrero de 2022/2023, pero se prevé que -en 2022- el índice de oscilación austral sea positivo.
 


En comparación con la media de 1991 a 2020, el régimen pluvial previsto para 2022 sugiere una mayor probabilidad de condiciones más secas en el suroeste de Europa y el suroeste de América del Norte y, una mayor pluviosidad en el norte de Europa, el Sahel, el noreste de Brasil y Australia.
 
En ese sentido, los datos de la media de 1991 a 2020 indican que el promedio de las precipitaciones previstas para el período de mayo a septiembre entre 2022 y 2026, sugiere una mayor probabilidad de que se produzcan condiciones más lluviosas en el Sahel, el norte de Europa, Alaska y el norte de Siberia, mientras que en la región amazónica las condiciones serán más secas.
 
En comparación con la media de 1991 a 2020, el promedio de las precipitaciones previstas para el período de noviembre a marzo entre 2022/2023 y 2026/2027 sugiere una mayor pluviosidad en los trópicos y una reducción de las precipitaciones en las zonas subtropicales, condiciones congruentes con los efectos previstos del calentamiento del clima.
 
El panorama es desalentador. El NEA lo puede certificar. En los últimos años hemos sufrido descensos históricos en los niveles de los ríos y espejos de agua de la región. Hemos tenido veranos con temperaturas por encima de las medias e inviernos más crudos de los que recordemos. Y hemos pasado en semanas de una prolongada y fuerte sequía que provocó, mano del hombre mediante, el incendio de más de un millón de hectáreas, a inundaciones provocadas por las lluvias y el desborde de los ríos.
 
El cambio climático ya golpea a las puertas de la Tierra sin Mal. La cuestión es ahora saber que se hace y que más se puede hacer para mitigar sus efectos, para revertir el dramático panorama que se despliega ante nuestro futuro.