27/11/2021

Relámpago viviente, colibrí



El picaflor común (Chlorostilbon aureoventris) es una especie muy común en la zona, habita y nidifica en arboledas, montes, bosques y selvas, muy adaptado al área urbana. Se lo puede ver en jardines y plazas, suele ser muy confiado. También es posible observarlo en campo abierto alimentándose, aunque no lejos de sus nidos en montes y árboles.
Mide siete centímetros. Emigra en invierno, aunque algunos ejemplares quedan durante la época fría. Un comportamiento característico del grupo es recorrer incansablemente las flores libando, a menudo, en jardines y enredaderas. El nido tiene forma de tacita, emplea en la construcción pelos, cerdas, lanas, materias vegetales suaves, liadas con telas de araña. Puede estar atado, colgante o asentado a hierros, alambres, cables o hilos pendientes de techos, en ramas de plantas, tallos de enredaderas, yuyos o raíces, en barrancas.
La postura es de dos huevos, elípticos, blancos. Son enternecedores Ese instante en que aparece el mainumby sugiere una imagen de la vida que llega y saltando, por aquí o allá, se escapa como una estela fugaz. Se parece a la inspiración que buscamos quienes escribimos, sólo en ocasiones la podemos palpar. En otras circunstancias, por más de que estemos atentos no se acerca, no se deja ver. “Son tan enternecedoras sus llegadas y sus danzas que, hasta la actualidad, en el campo y en muchos de los pueblos del interior, celebran la llegada del colibrí.
Lo festejan como el portador de los mejores augurios. Sus vuelos alrededor de casas y jardines son interpretados como de buena suerte, anuncio de gratas visitas o de noticias esperadas que darán alegrías”, escribió en una oportunidad nuestro gurú paraguayo-correntino Girala Yampey.

Danza
“He creado un tema cuyo título es ‘Danza del mainumby’. El mainumby quiere decir picaflor”, explicó en una oportunidad Ramón Ayala, “El Mensú”. “Este es el pájaro sagrado de los guaraníes e hice este tema para esta ave con mi guitarra de doce cuerdas. Me dije qué red puede atrapar un pájaro sin quitarle la vida ni la libertad. La única red que puede es la red del arte”, argumentó y así lo hizo. El tema tiene esa pulsación de los aleteos del picaflor, los dedos de un intérprete se agitan y, por momentos, sostienen un punteo que es una caricia, un mimo, una sola flor.
Hace un tiempo otro gran compositor e intérprete de la música de la región, Raúl Barboza, expresó, “a menudo veo cosas y trato de que, desde este instrumento, el acordeón, salgan las cosas que veo, observo y observo. Así he compuesto, viajando por Brasil, Argentina y otros países. Compuse este tema “El árbol y el colibrí”.
El mismo está dedicado a los pájaros haciéndome la idea de que un árbol le habla a un colibrí. Este le dice: “mañana me van a cortar, toma una semilla de mí y pedile permiso a la madre tierra, a la pachamama, que te permita enterrar esta semilla mía. Así, tal vez un día nazca un árbol y yo no haya muerto en vano”. Tras sus palabras la melodía se ensancha dulce, triste, amarga y suplicante como la vida misma.



Sagrado y emblemática
Aunque no seamos tan originales, decidimos honrar a las aves, las flores y las frutas, porque al fin y al cabo lo tienen bien merecidas. Por ello iniciamos septiembre con un ser alado emblemático y sagrado: el picaflor. Diversas especies de colibríes nos acompañan durante todo el año y, en especial, cuando las flores rebozan de néctares. Por tratarse de aves pequeñas, no viene mal pensar en acceder a un par de binoculares y, si ello sucede, desde ese momento estamos seguros
Zumbidos, vocalizaciones, flores, ramas grises, zumbidos cercanos, sol y una decena de picaflores avanzando y retrocediendo mágicamente entre corolas. Una mañana de rosado lapacho, cielo azul y barbijos rubíes. Tremolar sonoro Entre melodías, canciones, mitos y leyendas encontramos también poemas. Además del de Pablo Neruda, este pequeño gran poema de Leopoldo Lugones titulado justamente “Picaflor”.
“Run... dun..., run... dun... Y al tremolar sonoro/ Del vuelo audaz y como un dardo, intenso, / Surgió de pronto, ante una flor suspenso, / en vibrante ascua de esmeralda y oro. / Fue color... luz... color... A un brusco giro, / un haz de sol lo arrebató al soslayo; / y al desaparecer con aquel rayo, / su ascua fugaz carbonizó en zafiro”.

Mitos
Cualquiera sea su especie, dadas sus costumbres, colores, tamaños y singulares aleteos que provocan desplazamientos cuasi histriónicos sobre las flores, el picaflor o colibrí o mainumby es a todas luces una fuente inagotable de aspectos inmateriales asociados a lo más profundo e intenso de la cultura guaraní. Se trata de un ave que, en la mitología de este pueblo, está revestida de un protagonismo trascendente en el sentido más literal de lo que implica el término, puesto que aparece como intermediaria de las deidades.
Cadogan (1965) rescata de la literatura “Mbya”, un poema alusivo a su cosmogonía, en el que esta ave adquiere por sí misma un status trascendente: el de pájaro primigenio, expone en su libro “Guyra”. Reminiscencias míticas desde la fauna guaraní de Fernando Laprovitta.

Murales
En la ciudad de Corrientes hay murales donde también puede verse a los colibríes. Gabriela Zoila pintó un colibrí en un mural por calle España casi Junín. “El colibrí tiene un gran significado en toda la cultura guaraní. Ahora quiero jugar con los fondos, mezclar movimientos con los colores brillantes. Tengo cosas en la cabeza que espero, con la práctica, puedan salir. Quiero romper lo tradicional, mientras busco mi forma de pintar”, explicó en una entrevista.
La energía, la vibración y los colores la acompañan desde siempre. Creencias populares Persiste en el colectivo la creencia de que el picaflor es un animal sabio (Coluccio, 1995). Cuenta la historia que Poty (flor) se llamaba la hija de un Cacique de una tekoha (pueblo). Emanaba belleza y simpatía por todas partes y estaba enamorada de Mainumby.
Si bien su amor era correspondido, el muchacho pertenecía a otra tekoha con la cual existían enfrentamientos desde antaño. Esto lo obligaba a escaparse y verse a escondidas, sólo con los montes como testigos que daban refugio a su amor. Esto se dio así hasta que fueron descubiertos por una mujer que mucho envidiaba a Poty. Luego de las reprimendas del caso, cayó sobre la muchacha guaraní la prohibición de volver a ver a su amado. Pasados los días, Mainumby veía crecer su angustia, la cual fue advertida por Jasy (luna) quien se apiadó del joven sufriente de amor.
Fue por ello que una noche bajó a contarle que había visto llorar a Poty porque estaba obligada a casarse con otro muchacho de su tekoha, por lo que pidió a Tupã (Dios) que le quitara la vida. Ante esto, Tupã respondió transformándola en una bella flor. Entonces Mainumby, preso de la desesperación, preguntó a Jasy en qué flor se había convertido su amada. Jasy respondió: ¡No lo sé! ¡Tampoco lo sabe el viento! Porque los designios de Tupã son incuestionables… Mainumby no se quedó atrás y pronto empezó a rogar a Tupã para que le permitiera encontrar a Poty. Tanto imploró, que la gracia le fue concebida convirtiéndolo en un ave maravillosa, hermosa como pocas. Pequeña, pero muy veloz. Era Mainumby volando a reconocer los besos de Poty. Era el picaflor que salía volando a besar todas las flores, aunque todavía no encuentra a su amada.

Colaboración: Paulo Ferreyra