07/12/2021

​La miserabilidad de los bárbaros



Un nuevo 17 de octubre, festejo y recordación, día de la lealtad para los peronistas populares y nacionales. Gran convocatoria variopinta para conmemorarla. Entre otros, dos notables personajes abnegados, ilustres fieles, genuinos representantes desde la primera hora de la causa que, como expresa su "himno", la famosa marcha...¡Perón, Perón que grande sos!..y también decía en sus estrofas.... ¡"combatiendo al capital"!.
 
Una fue la señora, honesta, de expresiones siempre finas, modositas, doña Hebe de Bonafini. ¿El otro?, un impoluto varón que a lo largo de su honesta vida recorrió "el espinel" de la Ucedé, el Cema, y al final recalo, con sus altruistas pergaminos, en la vicepresidencia de la Nación convocado por una señora de rancia de ilustre estirpe "peronista menemista duhaldista kirchnerista cristinista”.
 
Algo muy extraño llamo la atención en este día de la lealtad: el presidente de esa agrupación don Alberto Fernández, como así también su mentora, ausentes sin aviso... ¿será que ambos no son leales?.
 
La marcha en verdad fue multitudinaria, se destacaron entre los presentes: el jefe de gabinete del gobierno de la provincia de Buenos Aires que, con una bullanguera barra se acordó de nombrar, cantando en  repetidas veces, a la madre del ex presidente Mauricio Macri. También en un momento del fraterno encuentro, estallo el paroximo de la adrenalina encarnado en dos o tres militantes bien educados que, conmovidos por el dolor decidieron rendir sus propios homenajes recordatorios a los compatriotas fallecidos durante la pandemia.
 
Homenaje que resulto algo "sui generis"(excepcional), muy conmovedor: consistió en "besar" las piedras que lucen el nombre de cada uno de los infortunados, y retirar de manera primorosa, muy respetuosa, los carteles con las fotos de algunos de esos prójimos que estaban colocadas al pie del monumento al General Manuel Belgrano, para trasladarlos, seguramente, a que se exhiban en el atrio de la catedral de la ciudad capital de los argentinos.
 
Mientras realizaban la solemne y cuidadosa tarea, muchos asistentes circunstanciales a esa ceremonia recordatoria, hacían un muy respetuoso silencio.
 
Amiga/o lectora/o, lo acontecido en este acto-marcha del 17 de octubre resulto una patética muestra más de la sin razón, el fanatismo, el resentimiento, la maldad, ¡decadencia! que se enseñorea en una gran parte de la civilidad de nuestra argentina.
En efecto, observar en plácida y absoluta libertad ambulatoria la presencia del señor Amado Boudou, personaje siniestro, condenado por ser un sinvergüenza de estado de la peor calaña según lo dictaminaron ¡16 jueces incluidos los cinco miembros de la suprema corte!.
 
La señora de Bonafini, con su decrepitud a cuestas, vituperando fiel a su estilo, lanzando al aire escupitajos de su visceral, crónico, maldito resentimiento, los dos o tres ciudadanos que realizaron el mencionado "homenaje" a los prójimos fallecidos como consecuencia del maldito virus, entre ellos, destacándose un "pendex" de unos 50 o más años, ¡todos seres zánganos, imbéciles, miserables! profanando la memoria de miles de almas que partieron, provocando la indignación de los bien nacidos, y revolviendo el dolor de los seres queridos que los lloraran por siempre.
 
Final: amiga/go, reitero, esta conmemoración del día de la lealtad, resulto otra penosa, vergonzosa, horrenda exhibición inhumana de la degradación que envuelve a millones de ciudadanos de nuestra bendita argentina.