18/10/2021

Riesgo sanitario y ambiental acompañaría la instalación de factorías de carne porcina



Hay un “riesgo latente” en la proliferación de enfermedades que deriven en pandemia como consecuencia de la cría a gran escala de ganado porcino. Tal afirmación deja expuesto uno de los riesgos que podrían generarse a partir del acuerdo que la Argentina cerrará con la República Popular China para la instalación de 25 factorías para producir carne porcina en el territorio nacional.

A contramano de lo dicho hasta el momento, en donde se hizo hincapié en el rédito económico y laboral que traerá el acuerdo, la doctora Luz Piedad Romero Duque, experta en cuestiones ambientales y en servicios ecosistémicos de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA) de Colombia  y el doctor Oscar Luis Pyszczek, graduado y ex docente e investigador de la Facultad de Humanidades de la UNNE, radicado actualmente en Colombia, se refirieron a los riesgos ambientales y sanitarios que un proyecto de esta magnitud puede ocasionar.

Con algunos requerimientos ambientales que solicitaría la Argentina, el acuerdo se firmaría en los próximos meses. Lo que se conoce hasta el momento es que se producirá carne porcina que se destinará totalmente al mercado asiático. La inversión que realizará China superaría los 3.700 millones de dólares a desembolsarse en cuatro años. Esto implicaría la instalación de 25 granjas o factorías básicamente en la zona norte del territorio, con 12 mil madres cada una que generarán alrededor de 900 mil toneladas por año.

El gran interés del gobierno nacional en cerrar el acuerdo está -según los cálculos- en los 2.500 millones de dólares al año en concepto de ingresos por exportaciones y la creación de poco más de 9.500 empleos directos que estiman se necesitarán.

Actualmente la Argentina tiene un rodeo de madres porcinas de alrededor de 350.000 cabezas y el primer objetivo es llevar el stock hasta las 650.000 cabezas.

¿Qué ganaría cada país con el acuerdo? Argentina además de lo económico, aprovecharía el maíz y la soja que hoy produce, para exportar un producto con mayor valor agregado. Por su parte China obtendría una producción de carne mucho más económica que la propia.

Lo que no fue expuesto abiertamente a la opinión pública son las implicancias sanitarias ambientales que este tipo de mega producciones ocasionan. Sin la convocatoria de audiencias públicas previas nada parece frenar el proyecto para que en la Argentina se produzca carne para alimentar al pueblo chino.

Las únicas trabas a lo que iba a ser un tratamiento rápido del proyecto las presentaron las organizaciones sociales y ambientales, que ven en la iniciativa un serio riesgo en el aumento de la deforestación, el uso del agua y las emisiones contaminantes.

Riesgo latente

El doctor Pyszczek agrega un dato nada menor: el “riesgo latente” de la generación de enfermedades que deriven en pandemias como consecuencia de la producción a gran escala de carne aviar, vacuna y porcina como es este caso.

“La bibliografía científica especializada habla de un potencial pandémico en producciones de estas características. El riesgo es directamente proporcional a la magnitud del emprendimiento y a la circulación que puede generar la contaminación de la producción”. Como base de consulta referencial, el investigador remite al trabajo realizado por un equipo de científicos denominado “La Salud hecha un chiquero”.

Aunque pueda sonar alarmista, hay hechos que marcan la pauta. China siendo el mayor productor de carne porcina bajó considerable su producción, ya que en el 2020 reportó en dos oportunidades a lo largo del año brotes de peste porcina africana.  Esta enfermedad hemorrágica es altamente contagiosa entre los animales, pero inofensiva para el ser humano.

El factor de peligro es que el uso crónico de antibióticos -para combatir este tipo de enfermedades- hace que las bacterias muten y se vuelven resistentes. En estos lugares se gestan las zoonosis que saltan del reino animal al humano. Los estudios demuestran que la esperanza de vida disminuye considerablemente cuando las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos.

El grupo de mamíferos domésticos está integrado por 12 especies, dentro de las cuales se encuentran los cerdos, y en conjunto estas albergan el 50% de los virus con potencial zoonótico.

Como ejemplo de algunas enfermedades emergentes de origen zoonótico pueden mencionarse: la gripe aviar; la gripe porcina; el síndrome respiratorio por coronavirus de oriente Medio (detectado en Arabia Saudita en 2012); el Síndrome Agudo Respiratorio Severo o SARS (con origen en China en el 2002, la actual pandemia de SARSCoV-2.

Estos casos explican la preocupación que las organizaciones sociales y ambientales plantean con respecto al rol que juegan los sistemas industriales de crías de animales en el surgimiento de enfermedades con potencial pandémico.  

Salud Ambiental

Los doctorees Romero Duque y Pyszczek ejercen en la actualidad, las funciones docentes, investigativas y de coordinación de las Maestrías en Ciencias Ambientales, Gestión Socioambiental y Gestión y Gerencia de Residuos Sólidos Urbanos, como también, en las carreras de grado de Ingeniería Geográfica y Ambiental y de Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias Ambientales y de la Sostenibilidad de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA) de Colombia. Como especialistas en el área ambiental, los investigadores ponen especial cuidado en las características que tendrá la actividad productiva.

“Si bien se habla de exportación de carne, nada se dice de la importación de insumos que la actividad requiere y con eso hablamos del material genético, hormonas, antibióticos, etc. La circulación de estos productos puede generar la contaminación de agua y suelo con residuos tóxicos” expresó Romero Duque.

Sin manifestarse estricto en los conceptos, el doctor Pyszczek aclara que si bien toda actividad humana –ya sea a micro o a gran escala- genera impactos ambientales en el territorio de distinta índole, es conveniente hablar de la relación actividad económica-ambiente en términos de “salud ambiental”. Precisamente el concepto da cuenta del equilibro que debe haber entre ambos.

“En el caso puntual de las factorías de cerdos ese equilibrio se ve roto en algunos puntos de la actividad. La cría porcina genera emisiones de CO2 en los desechos, que superan los 600 millones de toneladas al año. Sin duda afectan y retroalimentan un tema tan actual como es el cambio climático” señaló Romero Duque. 

Otros de los indicadores de la salud ambiental es la calidad del aire. Los olores que emanan de las mega factorías son más intensos por la mezcla de más de 300 compuestos durante el proceso de cría que dañan la salud de las comunidades que se encuentran en su entorno.  

“Ni hablar de las aguas y los suelos que se contaminan no sólo por los desechos de los animales, sino por otros tipos insumos que se utilizan en esta actividad económica como hormonas, antibióticos que al fin y al cabo terminan en los suelos, y que por el ciclo natural, llegan a las napas freáticas, a los ríos y al final el impacto que en un principio se limitaba a lo local termina afectando un área regional” agregó Pyszczek.

Herramientas de control. “No sorprende para nada que los gobiernos no convoquen a audiencias públicas”, sostiene Pyszczek. Para el investigador esto responde a una línea estratégica clara, “incluir al debate a los diversos actores sociales puede incidir de manera negativa a los intereses de los gobiernos”.

Al no ser socializados, las minutas, las cláusulas, los detalles quedan fuera del conocimiento de la ciudadanía. “Con el proyecto en marcha, la vigilancia activa de la sociedad es muy difícil, por lo que este momento previo a la firma del acuerdo es sumamente importante ya que es posible cotejar la materialización de lo que se tiene pensado hacer en términos de la legislación ambiental”.

¿Qué herramientas dispone en este momento la sociedad, para conocer en detalle el proyecto de producción de carne porcina y oponerse llegado el caso?

Transformar un problema ambiental en un conflicto. Cuando hablamos de problema nos referimos a una circunstancia que atenta contra la salud del ambiente incluyendo al ser humano. Es una circunstancia a gestionar. Ahora bien, ese problema deriva en conflicto cuando los actores sociales se movilizan y comienzan a exigir, buscan explicaciones y reclaman a sus autoridades por una circunstancia ambiental puntual. Esa derivación requiere justamente de la toma de conciencia y la participación ciudadana, de lo contrario se continúa en un problema a gestionar por parte de las autoridades, sin la participación del resto de los actores sociales que permanecen por fuera de los debates.