07/12/2021

Rapaz en el campo y la ciudad: el carancho



Si vemos el mapa de distribución del carancho, incluirlo en el mes de las aves patrias es justo, ya que la especie se encuentra prácticamente en todo el país. Desde Jujuy hasta Ushuaia e incluso en Islas Malvinas. Por momentos es posible observarlo desde lo alto de un árbol, solo o en pareja, como adulto o juvenil. También en otras oportunidades se lo puede ver posado sobre los postes de áreas rurales o urbanas, aguarda los movimientos de sus presas. Es de las especies que más se divisan a un costado de cualquier ruta, porque su condición de carroñeros los tiene a la espera de roedores, zorros o reptiles atropellados.
Además, captura presa fáciles como pichones de aves, animales enfermos e incluso puede atacar en algunas ocasiones a animales domésticos recién nacidos y a otras aves en pleno vuelo. A pesar de esta condición de depredador no es extraño que surquen el cielo perseguidos por otras aves menores, como pitanguás y tijeretas, en defensa de sus huevos o pichones. El carancho es de la familia falconidae (Caracara plancus), se alimenta principalmente de carroña (animales muertos). También, caza presa como insectos, roedores, culebras y lagartijas. Habita en zonas abiertas en la llanura pampeana, valles, pastizales e incluso en zonas urbanas. Su distribución es amplia y abarca a todas las provincias argentinas.


La contextura del carancho es robusta, con cuerpo grueso y llega a tener una longitud de 60 centímetros. Alcanza un peso de 1,60 kilogramos. Alrededor del pico la piel es de color rojo con la parte superior de la cabeza, marrón oscuro. Hace un tiempo en pleno centro urbano de Buenos Aires se sorprendían de observar caranchos.
“Advertirlas habla más de nosotros que del comportamiento de estas aves. Es positivo que la gente se sorprenda al cruzarlas, pero también muestra el desconocimiento, la desconexión que generamos en nuestra vida urbana. La gente de campo no se impresiona ante un carancho y es muy difícil que lo confunda”, expresó en ese momento Ignacio Roesler, biólogo, investigador del Conicet y miembro del Departamento de Conservación de Aves Argentinas, una asociación que desde 1916 promueve la protección de estos animales y sus ambientes.
“A veces se cree que la naturaleza está mucho más lejos de lo que realmente está. Los caranchos, por ejemplo, usan para posarse y para anidar las perchas altas de la ciudad”, describe Roesler. Con “percha alta” se refiere a edificios que funcionan, a los ojos de esta ave, como el equivalente de un barranco o una formación similar. Por su parte, Claudina Solaro, investigadora y especialista en comportamiento de rapaces en zonas urbanas, dice que la razón que explica a los caranchos en la Ciudad es su capacidad para adaptarse.
“Toleran criar en una antena telefónica, que una persona les pase cerca, toleran los ruidos”. Durante mucho tiempo Guillermo Spajic se preguntó por qué los caranchos cargan con ser sinónimo de malo. Siete años atrás, cuando se unió al Club de Observadores de Aves de Palermo y junto con sus compañeros eligió un pájaro insignia para representarlos -es una tradición entre los aficionados-, optó por el carancho. Dice: “Es un ave devaluada y no lo merece. Es linda y, sobre todo, útil. Funciona como agente de control de ratas y palomas”, declaraciones en diario Clarín, 2018.
Félix Coluccio, quien tiene varias publicaciones y libros sobre folclore y creencias populares, cuenta: “Si alguien ve un carancho arrastrado por el suelo con las alas extendidas, es una señal de que algún familiar morirá”. Una creencia rescatada en 2013 en cercanías de Azara (Misiones) por algunos habitantes de la zona, alude a que, si el carancho se aleja de las banquinas de los caminos y las rutas, es señal que está cuidando el monte del asecho de quienes quieren derribar los árboles viejos. Sin duda que esta creencia evidencia rasgos relativos a la perpetuación del monte y sus peligros latentes en la provincia de Misiones en cuanto al avance de la frontera agropecuaria sobre los mismos.
También alude a la neo configuración de creencias asociadas a la cada vez más creciente presencia de esta especie en los bordes de los caminos para alimentarse de los animales atropellados por los vehículos. Imágenes Los ejemplares de los registros que ilustran este texto fueron vistos en áreas rurales de las provincias de Corrientes y Chaco.