07/12/2021

La información que nos traen las plantas fósiles



(*) Por Dr. Juan Manuel Robledo.
Un fósil es todo resto o evidencia de la actividad biológica de un organismo que vivió en el pasado. Existen muchos tipos de fósiles, entre ellos, los restos preservados principalmente en rocas dan testimonio de los tipos de plantas que habitaron la región hace millones de años.
En el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, Corrientes capital), organismo dependiente la de UNNE y el CONICET, existen grupos de investigación que se enfocan en el estudio de plantas fósiles. Estos grupos realizan sus estudios desde diferentes enfoques y los restos fósiles utilizados permiten interpretar como eran estas plantas y el ambiente en el cual habitaban.
En particular, los investigadores que integran el grupo de “Paleobotánica y Palinología del Cenozoico de Argentina”, centra sus estudios principalmente en los granos de polen y esporas, hojas, troncos e interacciones planta-insecto, de especies vegetales tienen una edad entre 15 millones de años y el presente.
Las muestras de polen y esporas se obtienen colectando sedimentos del punto geográfico que se desea estudiar, por ejemplo las muestras de fondo de una laguna o un estero. Estas muestras posteriormente se procesan en el laboratorio, intentando eliminar todo tipo de material inorgánico y finalmente se obtiene una muestra “limpia”, la cual luego del montaje, puede ser observada en un microscopio. El estudio del polen permite conocer en primer término, qué especies vegetales habitaron una determinada zona y las regiones aledañas, una vez conocida la composición florística a través de estos microfósiles, se puede inferir el clima y como éste fue variando a lo largo del tiempo.     
La disciplina que tiene como objeto de estudio a los troncos fósiles se denomina Paleoxilología. Así como con los granos de polen, a través de los leños fósiles también se pueden conocer las especies que habitaron una determinada región, muchas veces estos leños son encontrados en “posición de vida” (fig. 1), lo que da la certeza de que esas plantas vivieron en ese territorio y que no han sido transportados por algún agente, como pueden ser las corrientes de agua. Los troncos, entre otras cosas, pueden indicar el grado de humedad que presentaba el ambiente en el que vivieron estas plantas; por otro lado, el estudio de los anillos de crecimiento indica aproximadamente cuantos años vivían las diferentes especies; en los casos donde el grado de preservación de los leños es muy bueno, entre sus células es posible observar otros tipos de restos, como pueden ser hongos que parasitaron o usaron el tronco muerto como fuente de alimento. En ocasiones, entre las células de los leños se observan coprolitos (material fecal fósil), los cuales fueron dejados por insectos u otros artrópodos que se alimentaban de estas plantas.
Las hojas fósiles frecuentemente se preservan como impresiones en el sedimento (fig. 2). Entre algunas interpretaciones que se pueden realizar analizando estos restos, se destacan los estudios que determinan la temperatura y precipitaciones que reinaban mientras estas plantas vivían. Algunos estudios pioneros señalan que las altas proporciones de hojas con márgenes lisos indican mayor temperatura y las altas proporciones de hojas de gran tamaño señalan un mayor promedio de precipitaciones. Este tipo de inferencias, sumadas a la posibilidad de identificar las especies a las cuales correspondían las hojas, las estructuras particulares que las hojas presentan y que pueden preservarse en el fósil, como son la presencia de pelos, algunos determinados tipos de células, la anatomía foliar, etc. permiten establecer el ambiente en el cual se desarrollaron y cómo las condiciones climáticas fueron evolucionando hasta la actualidad (fig. 3).
Por ultimo, el estudio de las interacciones planta-insecto, se basa en el análisis de un tipo de trazas fósiles, por ello este estudio queda incluido dentro de la disciplina de la Icnología. Las trazas fósiles, como su nombre lo indica, son solo “huellas” en las que no se preservan restos del organismo que las originaron, como pueden ser por ejemplo las huellas dejadas por los dinosaurios, dicho de otro modo, la icnología estudia el comportamiento de los organismos en el pasado. Un tipo de interacción planta-insecto es el que se desarrolla cuando los insectos se alimentan de las hojas, estas hojas muchas veces se fosilizaron y por medio de ellas se pueden estudiar estas trazas (fig. 4). Lo interesante del estudio de las trazas es que se puede conocer el comportamiento, en este caso, la preferencia y los modos de alimentación de un determinado grupo de organismo, algo que no se puede establecer conociendo solo el vegetal o el insecto fósil. Los estudios de trazas de herbivoría en hojas fósiles permiten conocer cuales fueron los primeros tipos de alimentación que existieron en la historia de la vida. Otro aporte llamativo de estos estudios es también el de poder conocer como fue evolucionando la “carrera armamentista” entre el hospedador (en este caso, la planta) y el huésped (insecto), donde el primero va experimentando diferentes métodos para desalentar la herbivoría y el último aplica nuevas técnicas para poder seguir utilizando una determinada planta como alimento.
Sin duda, todos los estudios realizados en las plantas fósiles aportan elementos diferentes y muchas veces complementarios. No obstante, todavía quedan muchas interrogantes por responder y estos grupos de investigación avocan sus esfuerzos dia a dia para poder conocer un poco más de la vida en el pasado.    

(*) Datos del autor:
Licenciado en Biología, Doctor de la UNNE en Biología, Jefe de Trabajos Prácticos (Contratado) en las carreras de Licenciatura en Biología, Licenciatura en Física y Profesorado en Biología, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura (FaCENA), Universidad Nacional del Nordeste (UNNE).