30/07/2021

Tres años y medio después, el crimen de Justa Valenzuela sigue impune



En el barrio Colombia Granadero la conocían como “la Rezadora”, porque una de sus frases más repetidas era “voy a rezar por vos” cada vez que se despedía de alguien. Tenía 86 años y vivía sola en una casa de ese barrio popularmente llamado La Vizcacha. La última vez que los vecinos la vieron fue el 5 de diciembre de 2017, estaba en la puerta de su casa, la 56 de la manzana C. No tenía hijos y su lazo más cercano era con un sobrino de apellido Núñez.
De Justa Valenzuela se volvió a saber a las 8 de la mañana del otro día, cuando un empleado municipal de 9 de Julio la halló en el cementerio del pueblo, en posición casi sentada recostada por una tumba.

Estaba muerta. Vestía un pantalón negro y una blusa blanca. Los peritos hallaron en su boca un crucifijo y determinaron tras los estudios, que había sido asesinada por asfixia entre las 21 y las 22 del día anterior. Presentaba numerosos golpes en el cuerpo.
Las investigaciones guiaron a la policía hasta la casa de Justa en el barrio La Vizcacha. Allí mayúscula fue la sorpresa cuando encontraron a dos hombres, padre e hijo, Mario y Javier Núñez, de 62 y 21 años, ocupando la casa con la excusa de que la habían comprado, pero sin poder justificar mucho a quien, cuando y como. El sobrino de Justa entraba en escena en la investigación.

Horas más tarde la policía detuvo a dos mujeres, también madre e hija, Sandra Martínez de 52 años y Ludmila Zerrizuela Martínez de 24. Sandra era quien ayudaba en algunos trámites a “La Rezadora” y quien, en su camioneta Renault Duster, la había llevado el día anterior del hallazgo del su cuerpo hasta Bella Vista, donde en Costanera y Buenos Aires se encontró con Núñez con quien la dejó “para hacer unos trámites”.
La Policía de la provincia confirmaba a los canales de TV de Buenos Aires las cuatro detenciones y aseguraba que: "Los dos hombres Nuñez hicieron una transacción comercial fraudulenta con las dos mujeres Martínez".

Las dos mujeres siempre clamaron por su inocencia, y dos pruebas contundentes, nunca tenidas en cuenta en primera instancia, terminaron absolviéndolas ante el Tribunal Penal Oral de Goya la pasada semana. Las imágenes de las cámaras de seguridad del peaje de la estación El Sombrero que determinaron que cruzaron por ese lugar, de regreso a Corrientes, alrededor de las 17 horas, y la geolocalización de los celulares de Sandra y Ludmila, que a la hora estimada del crimen indica que ambas mujeres estaban en Corrientes Capital, a más de 175 kilómetros del cementerio de 9 de Julio.

Pero en escena estaba un testigo “estrella”, un hombre de apellido Alarcón que asegura que alrededor de las 16.30, 17 del día 5 de diciembre, llevó a las dos mujeres y a Justa hasta el cementerio de 9 de Julio, y como prueba de sus dichos presentó dos fotos tomadas del frente del campo santo ese día a la hora 16.16 y 16.18. Aunque en las imágenes no aparecían las mujeres.

Sandra y Ludmila por su parte aseguran que Alarcón, el testigo en cuyos relatos la Justicia en primera instancia baso sus decisiones de procesar y encarcelar durante 3 años y medio a las dos mujeres, estaba con Núñez en Bella Vista cuando ellas fueron a llevar a Justa a pedido del sobrino de la anciana. Ese viaje fue lo único probado en el debate oral y admitido por las dos mujeres.

El pasado jueves el Tribunal de Goya ordenó la liberación de todos, absolvió a las dos mujeres y a Mario Núñez. Javier Núñez ya había sido liberado mucho tiempo atrás. La causa vuelve a foja cero 3 años y 6 meses después, cuando no hay ningún detenido ni ningún sospechoso, porque el hecho en primera instancia se dio por esclarecido con la elevación a juicio.

¿Error en la investigación judicial?, o ¿un crimen perfecto?. ¿Quién mató a Justa Valenzuela? La causa parece haber sido el apropiarse de su casa, pero tampoco esto pudo ser probado. La Justicia correntina tiene desde el pasado jueves dos deudas: una con la sociedad, esclarecer un crimen que 3 años y medio después sigue impune, la segunda con el descanso en paz de “La Rezadora” Justa Valenzuela.