22/06/2021

Angelitos: entre las prácticas, las creencias y sus actualizaciones



Por César Iván Bondar (*)

Esta breve presentación pretende acercarnos a la descripción de algunas de las prácticas y creencias vinculadas a la imagen regionalizada del angelito; el niño difunto que fallece sin pecados veniales o mortales y que luego de su muerte regresa junto a Dios al Tercer Cielo. La imaginación religiosa en torno a la imagen angélica de los niños difuntos, al menos en América, posee claras reminiscencias asociadas al catolicismo;  tal y cual la identificamos en las narrativas folklóricas resulta una impronta colonial. Exploraremos algunas aristas vinculadas al velorio, a la configuración del lugar de los angelitos en los cementerios públicos y rememoraciones puntualizando en las continuidades y las actualizaciones observadas en el presente etnográfico. El trabajo de campo se ha realizado entre  población de credo católico en el Nordeste argentino y el Sur del Paraguay entre los años 2006 y 2015.
Velorio del angelito. La reunión danzante[1]
En las narraciones folklóricas y registros devenidos del siglo XIX y hasta mediados del XX el velorio del  angelito ha sido comúnmente descripto como una reunión festiva, danzante y con cualidades orgiásticas. Observado por viajeros, miembros de órdenes religiosas, comerciantes, docentes, etc., es referido como un rito cuyo centro resulta el cuerpo del niño difunto ataviado con un ajuar que lo prepara para el ascenso al Tercer Cielo: coronita, alas y túnica/túnico –según sea niño o niña-. Estos elementos visten el cadáver que reposa en posición orante sobre una mesa blanca o en un pequeño cajoncito de color claro; frecuentemente de confección cacera. Otras versiones describen al cuerpo sentado en una pequeña silla, colgado de los tirantes del techo amarrado a un columpio o al tronco de un árbol. Si el velado es de un niño primarán los colores celeste-azul,  blanco y amarillo; mientras que si se trata de una niña se observarían los rosas y pasteles. A esta disposición se anexan pocas, o nulas, velas ya que el niño difunto al no poseer pecados no requiere de iluminación para su viaje ascensional. Ayudan a este transido el canto de los compuestos y la danza de los concurrentes. Es creencia generalizada que la madre no debe llorar ya que mojaría las alas del angelito y este no podría volar. Este rito, de varios días de duración, implicaba la circulación contante de diversos bienes; no solo alimentos y bebidas, además bienes de salvación como ser ofrendas y pedidos que se encomendaban al angelito para que éste los acerque a Dios. Así, de las cintas que vestían la mesa donde se velaba al angelito cada concurrente realizaba un ñudo representando un deseo y/o mensaje que sería llevado al Cielo, se han observado además pequeños papeles con mensajes escritos colocados entre los dedos del angelito, cumpliendo esta práctica la misma función mensajera. En algunas regiones de argentina se ha registrado el “arrendamiento del muertito”; los familiares del niño difunto alquilaban el cuerpo del niño que recorría diferentes domicilios del poblado llevando así la bendición a la casa que no recibía, implicando la realización de grandes fiestas al recibirlo. Mientras el estado de putrefacción del cadáver no era significativo el cuerpo del angelito recorría la casa de los padrinos, otros deudos y amigos de la familia como una suerte de Santo en procesión. Este particular rito fue observado a lo largo de América Latina (y algunas regiones de Europa), de ello dan cuenta las experiencias que hemos registrado no solo en Argentina y Paraguay, sino además -con variadas denominaciones- en Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Venezuela (denominado mampulorio), Colombia (el bundé de angelito, chigualo, gualí, mampulorio, velatorio, angelito bailao, muerto-alegre), Guatemala, Costa Rica, Puerto Rico (el baquiní), Ecuador (el chigüalo), México, República Dominicana y Cuba (llamado igual que  en Puerto Rico). Ahora bien, ahondando en las prácticas funerarias vinculadas a los niños difuntos debemos cuestionarnos ¿cuáles son las particularidades que definen el velorio del angelito en el margen temporal trabajado? ¿Cuáles fueron las transformaciones y cuáles son las continuidades y/o actualizaciones?. Las imágenes del velorio descriptas en los primeros párrafos fueron registradas con más intensidad a lo largo de Latinoamérica hasta mediados de 1960, luego de la década del ´60 fueron perdiendo vigencia dentro de los ritos mortuorios. Empero, la realización del trabajo de campo, nos ha permitido apreciar que algunas de estas escenas siguen vigentes, ya no con todos los matices de los registros folklóricos,  pero sí marcando diferencias significativas con los velorios de la muerte adulta y demarcando una especial territorialidad funeraria propia de los angelitos, a saber: colores utilizados, tipos de “rezos” y oraciones, algunas eventuales canciones, disposición del cuerpo, responso,  traslado del cuerpo al cementerio, etc. Cabe destacar que aún hoy este rito resulta -muchas veces- estigmatizado por algunos referentes de las Iglesias Católica y Evangélica. La intencionalidad de ajustar esta celebración a los cánones de lo “normal”, ya expuesta por el Prelado en su visita a Luján (Bs. As.) en 1769 (Barral, 2007), queda reseñada en la Celebración de la Muerte – Subsidios para la celebración de las exequias- que acompaña el Rito Exequias (2009) –Concilio Vaticano II-: “…Hace falta evangelizar la costumbre popular llamada “el velorio del angelito”. Tiene, sin duda, un fondo nacido de la fe, pero se expresa con frecuencia en prácticas paganas de convites y, a veces, excesos de bebida, etc.,…” (p. 8) Más allá de estos intentos de evangelización se hallan marcadas particularidades del velorio del angelito; variando algunos elementos en comparación a las descripciones folklóricas de hasta la segunda mitad del siglo XX pero con matrices que remarcan una profunda particularidad en torno a su configuración. Las observaciones entre 2006 y 2015 nos han permitido percibir que en la actualidad el velorio del angelito se maneja con elevados grados de intimidad y discreción, ya no se trata de velorios masivos y de populosa concurrencia. Del mismo modo su forma de realización varía según se trate de un velorio domiciliario o de un velorio realizado en una casa funeraria.
Cabe señalar que hemos bosquejado una tipología de lo que la población bajo estudio denomina bajo la categoría de angelito, partiendo de esta tipología se perfilarán las variaciones en las formas de los velorios. Así tendremos ángeles bebés (0-5 años) ángeles loros (6/7-10 años) y ángeles niños (10-11/12 años según se trate de niños o niñas). Claramente pudimos observar que a mayor edad biofísica mayor durabilidad de los velorios, pero en ninguna circunstancia estamos frente a velorios de 24 horas; sino oscilantes entre un par de horas a medio día de duración. El féretro de color claro suele mantenerse hasta los ángeles loros, al tratarse de los ángeles niños la tonalidad varía del gris al marón claro; ello debido a la intromisión de las casas funerarias y las prepagas en lo que respecta al montaje de parte de la capilla ardiente. Cuando se trata de ángeles bebés de pocos meses o nacidos muertos hemos observado la confección de ataúdes caseros en color blanco, preferentemente en tablas de pino por la facilidad en la manipulación y el costo. La participación de las casas funerarias en la preparación de los velorios es frecuente en ángeles loros y ángeles niños, no así en ángeles bebes, estos poseen un velorio muy breve y frecuentemente son velados en brazos de la madre. Del mismo modo las variaciones de tercerización de los ritos difieren según se trate de  zonas urbanas, periurbanas o rurales. Las constantes, atendiendo a la narrativa histórica sobre este rito, resultan la presencia de los colores claros,  la confección de la coronita, alitas y túnica/túnico de la mano de la madrina o vestidora, la ausencia casi absoluta del llanto, la continuidad de los compuestos,  escasa utilización de velas y ausencia de rezos tales como el Santo Rosario. Siguen presentes la comida y la bebida en otras formas de expresión: caramelos, galletitas dulces, licores, café, bizcochuelo, chipa y mate acompañan el rito mortuorio. Si bien no nos detendremos en el cortejo y la inhumación resta mencionar que el primero aún se realiza acompañado de niños, a pie o en vehículos según la zona o distancia del cementerio.

Cementerios y otras inhumaciones
Los recorridos por los cementerios públicos, los cementerios familiares y los enterratorios a la vera de las rutas y caminos ocupan un lugar privilegiado en nuestro trabajo de campo. En esta cartografía funeraria (Bondar, 2015) se pueden distinguir claramente los espacios/lugares ocupados por los angelitos. De esta forma advertimos una compleja escala cromática que nos permite saber si estamos frente a angelitos masculinos o angelitos femeninos. En las tumbas de los angelitos masculinos primará el azul-celeste, verde o amarillo; en las tumbas de los angelitos femeninos el rosa o blanco. Estos colores se combinan con los paños y flores, asimismo con las imágenes votivas que nos permites saber si estamos frente a una niña o niño. Las reurbanizaciones de los cementerios públicos nos permiten ver Barrios de Angelitos ordenados en calles, las partes más arcaicas de los cementerios nos invitan a otros recorridos; angelitos inhumados entre adultos o sobre la tumba de un familiar (se comenta que de esta forma el almita estará protegida por el familiar allí sepultado).  Son muy visibles además pequeñas tumbas en los patios de las casas, esta práctica de inhumar a los angelitos en el los patios ha sido más observada hasta la década del ’80 del siglo XX, actualmente es menos visible pero no ausente. Claramente ha se ha ido relegando debido al creciente proceso de urbanización y la disminución en el tamaño de las parcelas habitadas. Los interlocutores consultados afirman que los angelitos deben sentirse protegidos y cercanos a su familia; en consecuencia se los solía y suele inhumar en los patios, no habilitándose esta alternativa se opta por sepultarlos sobre la tumba de un familiar o junto a otros angelitos para que éste no se sienta desprotegido. La imagen que exponemos corresponde a la tumba de un angelito bebe masculino en el patio lateral de una vivienda en el interior de la Provincia de Corrientes.

Rememoraciones
Proponemos abordar algunas de las prácticas que posibilitan la re-memoración de los angelitos. Este  abordaje nos ubica en tres situaciones ejemplares que se inscriben en temporalidades específicas: a) la visita a los cementerios el 1 de noviembre, b) las serenatas de adultos durante el 1 de noviembre por la madrugada y la caminada de niños en la tarde del 31 de octubre o el 1 de noviembre por la mañana (Ángeles Somos), y c) la celebración del cumpleaños del angelito, o bien del Día del Niño. Así pudimos percibir que la visita a los cementerios durante el 1 de noviembre es un recurrente significativo en toda la zona bajo estudio. En el caso de “Ángeles Somos” lo hemos hallado en las localidades del Norte de Corrientes, no observándose en el Paraguay. En tanto el Día del Niño y el cumpleaños como re-memoración del angelito se identifican con más fuerza en el Paraguay.
 
1 de noviembre
Centrándonos en las visitas a los cementerios durante las fechas abordadas señalamos que encadenan un conjunto de prácticas que se inscriben en el calendario litúrgico oficial pero que no desacreditan ni excluyen a las manifestaciones, actualizaciones y creatividad propias de la vida cotidiana. Remarca Cortazar (1959) que:
EI llamado "día de los muertos" es recordado unánimemente entre nosotros, en especial con visitas a los cementerios llevando flores, concurriendo a oficios religiosos, etc., pero en aquellas regiones se conservan prácticas curiosas en las que, junto a piadosas tradiciones hispánicas, heredadas de los tiempos coloniales, se advierten rastros de supervivencias autóctonas (…) En el Litoral, Corrientes por ejemplo, se cuelgan rosquillas, chipaés, frutas y otros alimentos en las cruces que señalan, a la vera de los caminos, el lugar donde alguien ha muerto accidentalmente (aunque no esté allí enterrado). Si la necesidad apremia al viandante, es lícito tomarlos para sustento, pero siempre que se recen, a cambio, algunas oraciones por el alma del difunto (s.p)
A lo largo de trabajo de campo los interlocutores han diferenciado claramente dos temporalidades en este calendario de visitas, temporalidades que percibimos como fuertemente ligadas a lo sobrenatural y al tipo de muerto, más que simplemente a las dimensiones de la muerte y el morir. Estos aspectos se hallan  incluidos en el trabajo de Coluccio (1995) al referir a las fiestas y celebraciones del mes de noviembre. Así expone que  el 1 de noviembre tienen lugar las ofrendas de las almas, la celebración del Día de todos los Santos y Ángeles (Ángeles Somos) y la tabeada de las Almas, reservándose el 2 de noviembre como el Día de los Fieles Difuntos, Día de las Almas o Cena de las Almas. Esta distinción calendario se traduce en una distinción cualitativa entre los angelitos y los demás difuntos demarcándose las esferas de sentido que hemos descripto desde el inicio del trabajo y que aquí pueden ser comprendidas atendiendo a las fechas que nos convocan en los primeros casos: 31 de octubre-1 y 2 de noviembre.  Afirmábamos que el angelito no será un muerto común, como los finados u otros difuntos, partiendo de su condición de pureza y cercanía a Dios se le asigna un lugar especial separándolo de la muerte adulta. Es así como a los angelitos se les rendirá culto y visita el 1 y no el 2 de noviembre (entre algunas familias del Paraguay hemos registrado celebraciones los días lunes y/o sábados entendiendo a estos como “días del angelito”).  De esta forma la visita, como práctica socio-cultural, se vincula claramente a los proceso de thanatoculturización o culturización de las almas. El angelito será visitado, cuidado, atendido, se le llevarán golosinas, dulces, biberones, ropas limpias y juguetes. La tumba será coloreada, se le adosarán globos de diversos tonos y paños nuevos. De este modo las ideas en torno a la necesidad del cuidado, de la alimentación y del abrigo motivan las visitas del 1 de noviembre; el angelito pareciera necesitar sus juguetes, canciones y calor maternal. Nos ha sorprendido hallar tumbas de angelitos que datan de las décadas del ‛40, ‛50 y ‛60 del siglo XX, aún visitadas; con ofrendas y velas “frescas” re-activadas en la fecha que nos convoca. Queda claro que para algunos de estos angelito, que al 2016 superaría los 70 años, las necesidades de visita siguen siendo relativas a su momento de muerte: relativas al niño; visitas reproducidas por los tíos, primos o hermanos; debido al fallecimiento de sus padres. Si bien la tumba, como signo, continúa inmersa en las cadenas de significaciones más allá de la franja temporal trabajada, resulta relevante mencionar la reactivación de algunas cualidades de éstas dependiendo de las fechas re-memorativas que nos convocan. Las visitas re-colorean las tumbas, la “re-viven” (en palabras de una interlocutora).

Ángeles Somos. Caso del Norte de la provincia de Corrientes
La práctica de Ángeles Somos puede ser abordada teniendo en cuenta las serenatas concretadas por jóvenes y/o adultos en la madrugada del 1° de noviembre y las procesiones (caminatas) protagonizadas por los niños en horas del atardecer del 31 de octubre, la mañana o la tarde del 1° de noviembre. En su forma de serenata se encuentra encabezada por jóvenes y adultos, acompañados de música regional (principalmente chamamé) recorren las casas de los vecinos y a cambio de las serenatas reciben donaciones varias: comidas regionales, otros alimentos o bebidas con alcohol. En la versión de las caminatas de niños resaltan diferencias de ritualización significativas; si bien también se visitan las casas los grupos están compuestos por niños acompañados por algunos adultos, priman las canciones religiosas y símbolos católicos (imágenes de santos y rosarios). A cambio de las visitas y las bendiciones reciben colaciones (ofrendas) consistentes en golosinas variadas, bebidas dulces sin alcohol y dinero. En ambas versiones se anuncia la llegada, se agradece o repudia la no atención con versos populares. Luego del recorrido se comparte lo acumulado entre los diferentes participantes, suelen hacerse cenas en el caso de los adultos y meriendas en el caso de los niños. Serenata y caminata poseen como objetivo (re)memorar a los angelitos, llevar oración y bendiciones a las familias que tienen niños difuntos y agilizar el tránsito de estas almas hacia el Tercer Cielo. Luego de concluido el trabajo de campo podemos dar cuenta de que esta forma de ritualización de la memoria funeraria no se extiende por toda la provincia de Corrientes, más bien se concentra en la zona norte. Actualmente su puesta en escena responde, básicamente, a dos movimientos memoriosos
a. la iniciativa directa-espontánea de la comunidad de practicantes o
b. se encuentra encabezada por instituciones religiosas, educativas y/o culturales. Incluimos en esta referencia a la capital de la provincia donde se montan presentaciones públicas denominadas “Noches Blancas” en oposición a las localmente consideradas “Noches Negras” del Halloween. Las “Noches Blancas” se caracterizan por ser puestas en escena en plazas públicas con la presencia de numerosos niños vestidos de ángeles recorriendo las calles y pidiendo colación. Encabezan estas formas de acción colegios religiosos, congregaciones, ONG, bibliotecas populares, centros culturales, etc. (aquí no podríamos señalar que estas formas de (re)memoración resultan de la expresión espontánea de los grupos sino que son retomadas como estrategias de re-valorización de las memorias de la provincia y la región) Los registros que realizamos nos permiten observar variadas instancias y contextos de expresión de la práctica: domicilios particulares, vía pública, escuelas. Asimismo la presencia de sujetos provenientes de diversos contextos sociales. En el caso de las zonas rurales, a diferencia de las zonas urbanas, la participación en estas instancias de (re)memoración suele nacer de la organización personalizada de los grupos domésticos con escasa intervención de otras instituciones. Los casos rurales más representativos han sido abordados en Loreto, San Miguel, Villa Olivari, Caa Catí e Itá Ibaté (para esta presentación se han seleccionado los registros de Villa Olivari).
En lo que respecta a las zonas urbanas resaltan las ciudades de Corrientes Capital, Ituzaingó y Mburucuya  donde las mediaciones de las escuelas primarias y de la Iglesia Católica son las que permiten la concreción de Ángeles Somos. Cabe aclarar que las intervenciones de otras instituciones más allá de las familias han sido registradas en el caso de las caminatas de los niños, no así en las serenatas de jóvenes y adultos. La serenata continúa comprendiendo instancias de organización y puesta en escena independientes de la influencia de instituciones educativas o religiosas. Señala Coluccio (1995) que esta práctica proviene de la creencia de que el primero de noviembre los ángeles o almas infantiles visitan las casas de los poblados. Debido a que la mayoría de las familias, sus parientes o conocidos tienen niños fallecidos coadyuvan a la vigencia de esa manifestación. Las siguientes imágenes ilustran la caminata de niños durante el 1 de noviembre y la serenata de adultos el 31 de octubre por la noche, respectivamente.
Brindar una celebración especial al angelito en el Día del Niño, sea este propio de una familia o a los angelitos en general, resulta una experiencia que hemos registrado con  vigencia en el Paraguay. Consideramos que se debe, no sólo a la re-memoración de la imagen regional del angelito, sino que además se inscribe en un acontecimiento histórico que ha marcado significativamente a la sociedad paraguaya: La Guerra de la Triple Alianza.  El 16 de agosto de 1869, en el marco de la Guerra Grande, se libra una Batalla: la Batalla de Acosta Ñú o Campo Grande. En este episodio bélico 3.500 niños vestidos de adultos y con barbas postizas, junto a ancianos y mujeres, enfrentan a las tropas de Pedro II del Brasil. Los niños y sus madres son masacrados e incinerados en la maleza.En conmemoración de ese cruento episodio se instaura el 16 de agosto como el Día del Niño Paraguayo, habilitando a muchas celebraciones de orden cívico y religioso. Del mismo modo en los espacios domésticos/íntimos se re-memora a los angelitos, en caso de que la familia posea algún niño difunto.  La figura del angelito no es la única presente en esta celebración, además se convoca a los demás niños que viven en proximidades de la vivienda oferente. Muchas familias que no realizan esta celebración el 16 de agosto comienzan a protagonizarla luego de la muerte de un hijo, nieto, ahijado o sobrino.Preside este encuentro un altar dedicado al angelito, en el altar se observan juguetes variados, flores, cintas de colores y una fotografía del niño. En variadas ocasiones se traslada el altar desde el interior de la vivienda y se lo “embellece” con cintas y flores nuevas. Ya hemos mencionado en apartados anteriores referencias vinculares a esta particular práctica. Los anfitriones, principalmente mujeres, se encargan del preparado no solo del altar, sino además de los comestibles que se ofrecerán a los niños que asisten acompañados de sus padres, primos y hermanos mayores. El centro de la celebración se encuentra ocupada por una larga mesa donde se disponen bizcochuelo, chipa –muchas zoomorfas-, caramelos y una especial galletita a la que han referido los informantes como “galletita de velorio”; en forma de animales acompañados por confites en forma de huevo de variados colores (cuya marca comercial es “Fauna”). Se la denomina “galletita de velorio”  ya que suele estar presente cuando se vela un cuerpo, es de fácil acceso, viene en grandes bolsas y a bajo costo. Se acompaña con jugos o chocolate con leche.Pudimos observar estas re-memoraciones en varias oportunidades en Encarnación, Ayolas, Pilar, Villarica y Asunción. En algunas situaciones las madres o abuelas suelen trasladarse hasta el cementerio y ofrecen a su angelito algunas galletitas, chocolate y caramelos dejándolos sobre la tumba. Caso relevante ha sido el de Villarrica donde una familia ha realizado el festejo del día del niño en torno a  la pequeña tumba en el patio trasero de la casa. Escenificaciones similares suelen observarse en los casos de la celebración del aniversario del nacimiento del niño difunto. Estas situaciones han sido registradas tanto en Corrientes como en Paraguay, del mismo modo en la localidad de Posadas, Misiones, Argentina principalmente entre descendientes de paraguayos o residentes paraguayos en algunos barrios de la Capital misionera. Como hemos mencionado con anterioridad resulta relevante como el angelito suele ser re-memorado el día de su nacimiento más que el día de su muerte, la paradoja radica en que -el caso de algunos ángeles bebés- estas fechas suelen ser coincidentes o guardar pocos días de diferencia.  Podemos observar cómo estas situaciones ubican a los sujetos –principalmente a los dolientes- en estados de conciencia tempo-espaciales diferenciales. De esta forma, parafraseando a Durkheim (1968: 10), estos estados de conciencia se localizan en fechas determinadas y los valores afectivos bregan de una conciencia común que otorga al tiempo de la muerte biofísica la valencia de la continuidad, la re-memoración y la celebración por la vigencia del angelito en el Cielo.


Referencias de lectura:
[1] Las cualidades de la reunión danzante se exponen con claridad en la producción fílmica Chilena “Largo Viaje”  (1967- de Patricio Kaulen), también se recrea una instancia del velorio del angelito en la película argentina “Juan Moreira” (1973, dirigida por Leonardo Favio, producida por Juan Sires y protagonizada por Rodolfo Bebán).

Bondar, César Iván (2015) El "topos-tupãrymbami".Un lugar otro dentro de la heterotopía Cementerio. Cementerios Públicos Municipales. Provincia de Corrientes, Argentina y Sur de la Región Oriental del Paraguay., Revista Argus-a Artes & Humanidades, volumen IV, Número 15, Editorial Argus-a, California
Bondar, César Iván (2014) Sobre el velorio del angelito. Provincia de Corrientes y Sur de la Región Oriental del Paraguay, Revista Anuario. Antropología Social y Cultural en Uruguay, volumen 12, páginas121-137, editorial Nordan-Comunidad, Montevideo
Bondar, César Iván (2013) Ofrendas para los angelitos Cementerios Públicos Municipales de la Provincia de Corrientes, Argentina y Sur de La Región Oriental del Paraguay, Revista Revista Sans Soleil -Estudios de la Imagen, volumen 5, número 2, páginas 92-104, editorial CEISS Área de Antropología Visual, Barcelona
Coluccio, Felix (1995). Fiestas y Celebraciones de La República Argentina. Argentina: Ed. Plus Ultra.
Cortazar, Augusto Raúl. (1959) “Usos y Costumbres”. En: José Imbelloni.  Folklore Argentino. Pp 158 -196. Nova, Bs As.
Durkheim, Emil (1968) Las forman eleméntales de la vida religiosa. Paris: PUF.
Ritual de Exequias. (2009) (Concilio Vaticano II- 1962-65) Celebración de la Muerte Subsidios para la celebración de las exequias- que acompaña el Rito Exequias. Concilio Vaticano II- Chile.
 
 (*) Datos del autor:
Posdoctor por la Universidad Nacional de Rosario. Doctor en Antropología Social. Magister en Semiótica Discursiva. Licenciado en Antropología Social. Profesor en Educación. Investigador de CONICET por el Instituto de Estudios Sociales y Humanos UNaM-CONICET. Especialista en Etnografía de la Muerte y el Morir. Ritos. Brujería, hechicería y sacrificio. Docente Investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM. Email: cesarivanbondar@gmail.com