04/12/2020

Las historias del doctor Picón: El globo del angelito



La ciudad de Del Viso es parte del partido de Pilar, en la provincia de Buenos Aires. Está a 44 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y tiene 111 años de vida. En esta ciudad de casas bajas y calles arboladas de 62000 habitantes, a unas tres cuadras de las vías del tren Belgrano Norte y muy cerca de la estación que lleva también el nombre de aquel político cordobés del siglo XVIII que le dio nombre al lugar, está el Hospital Municipal de Pediatría Federico Falcón.
El centro médico se levanta en un viejo edificio de una planta, hoy modernizado, por donde paso el doctor Julio Picón, ese médico correntino de 51 años oriundo de Itatí, y que hoy ejerce en hospitales chaqueños y cuyo nombre ganó notoriedad no sólo por su prestigio profesional sino además por sus relatos de experiencias sobrenaturales vividas en distintos centros de salud en los que ejerció o ejerce sus tareas y durante su infancia.
Aquel viejo hospital de Del Viso es justamente el escenario de otra de las historias del doctor Picón que desde Diario La República queremos compartir cada fin de semana. Esta vez la historia de un angelito que encontró el espacio de la terapia intensiva del Hospital Falcón para hacer sus travesuras.
Esta es la historia que, redes sociales mediante, relato el doctor Picón:
La Terapia Pediátrica del Falcón en Del Viso contaba con 5 camas. Para el día del niño estaban ocupadas 4. Llegaron payamédicos y varios grupos para alegrar la jornada. Repartieron juguetes y dejaron 5 globos. Uno por cama.
- Mirá, sobra un globo-, señaló alguien.
- Dejá nomas, ya tiene dueño-, dijo una de las enfermeras.
- Sólo hay 4 chicos.
- Dejá igual. Ya lo tomó un angelito.
Y el globo quedó allí, estático, flotando sobre la cama vacía.
Dos días después, habiéndose retirado los otros globos, éste permanecía allí, en el mismo lugar.
La jefa de enfermería, previendo un posible ingreso, dió la orden para retirar el globo solitario. Cuando la enfermera de turno lo quiso tomar, el globo pareció tomar vida y, como impulsado por un viento misterioso, subió hasta el techo.
- Debe ser el helio-, dijo alguien.
- Ese globo se tiene que sacar sí o sí. No puede estar en la Terapia.
Vinieron de mantenimiento con una escoba, para empujar y bajar el globo.
- No le quiten el juguete a mí bebé, se va a enojar -, dijo una enfermera.
El ordenanza se ríe y se apresta a atrapar el globo rebelde.
Lo aprisiona contra la pared. Comienza a bajarlo y repentinamente, revienta provocando un estruendo inusual. Al mismo instante las alarmas de los respiradores y las bombas de infusión comenzaron a sonar al unísono, sin ninguna razón que lo justifique.
- Debe ser el sonido fuerte-, le digo a la enfermera.
- No creo, el angelito se enojó porque le quitaron su juguete-, respondió.
No dije nada. Pero desde entonces dejábamos que los globos se desinflen solos para poder retirarlos de la Terapia.