10/07/2020

​En tiempos de clases virtuales, pensar desde la emocionalidad hace la diferencia


En tiempos de covid-19, las clases para alumnos de todos los niveles educativos pasó a ser 100% on line, reconfigurando un nuevo escenario educativo, que, según los especialistas, llegó para quedarse. Pero esta modalidad que hasta entonces era utilizada por pocos trajo consigo también un sinnúmero de desafíos para los docentes. 
En ese contexto, son muchas las preguntas que maestros y profesores tuvieron que empezar a responderse. Una de las que empezó a preguntarse sobre qué cambios generó esta situación es Rosa Quintana, quien trabaja de docente de la carrera de Relaciones Laborales de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Ella, desde 2007 aproximadamente, viene transitando los caminos de la enseñanza a través de distintas plataformas virtuales pero, entendió que la pandemia planteaba nuevos escenarios. 
En diálogo con La República, la docente comentó que “este escenario nos planteó que a la hora de planificar una actividad para los alumnos, no solo debemos pensar los contenidos teóricos, sino también los sentimientos y las sensaciones de los cursantes para diseñar una metodología exitosa”.
Rosa contó que a todos los docentes, sin importar el nivel en el que desarrollan sus actividades, debieron apelar a la creatividad para no replicar el formato presencial en el formato virtual y a su vez, el poder utilizar este tema como un disparador a la hora de transmitir enseñanzas y desarrollar tareas. 
Para ella, el hecho de que las capacitaciones presenciales hayan mutado a plataformas virtuales  obliga a conocer cómo aprendemos, qué factores intervienen cuando nos capacitamos, qué nos motiva y qué no, para seguir aprendiendo.
“Mi planteo apuntó a analizar por qué algunas de las capacitaciones que se dictan hoy en día resultan obsoletas, no adecuadas al contexto actual de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), aburridas y hasta inútiles”, explica Quintana. Es que más allá de adquirir conocimientos nuevos, actualizarse y capacitarse para mejorar o posicionarse mejor en los espacios laborales, debemos los docentes tomar en cuenta qué es lo que siente y necesita incorporar la persona que busca capacitarse, y no centrarnos solamente en lo que recibe en cuanto a contenidos”, destacó la relacionista laboral.

Investigación
“Si bien yo no integro un equipo de investigación, esta temática siempre me interesó. Por ello, desde la cátedra Capacitación y Desarrollo de Recursos Humanos de la Licenciatura en Relaciones Laborales de la UNNE, buscamos profundizar sobre este tema y a través de una mini encuesta abierta, a contactos profesionales de diferentes disciplinas, docentes y no docentes universitarios”, comentó Rosa. 
La finalidad de este trabajo era indagar cuál era el punto que llevaba a una persona a realizar un curso y qué lo mantenía atraído para continuar haciéndolo, la llevó a plantear tres cuestiones: ¿Recuerdan alguna capacitación que les haya impactado favorablemente y por qué?; ¿qué es lo que esperan cada vez que realizan una capacitación? Y, ¿alguna metodología novedosa en algún curso que hayan tomado? 
La docente universitaria explica que siempre hay un lado A y un lado B en el dictado de un curso online. “El lado A hace referencia a la preparación de un proyecto de capacitación y todo lo que esto involucra; por ejemplo, la redacción del objetivo, cuál es la necesidad educativa concreta por cubrir, quiénes van a dictar y asistir a esa capacitación, el fin instrumental del mismo, las evaluaciones y sus formas, la metodología (donde se incluye las TIC a utilizar y la pedagogía)... todo esto se incluye en el lado A, sin olvidar, por supuesto, la forma de reunir recursos, la definición de horarios y la asignación de presupuesto”. 
Sin embargo, también existe un lado B en las capacitaciones y es aquel que vincula al docente con el asistente al curso “y este no es un tema menor”, subraya Rosa Quintana. 
“Cuando capacitamos, debemos tener muy presente a la hora de planificar este lado B, es decir, es necesario preguntarse no solamente qué brindamos en cuanto a contenidos, sino también qué siente y necesita la persona que se está capacitando; debemos –los docentes– involucrarnos con ellos, conocer y tener en cuenta sus necesidades fisiológicas (horarios de alimentación y descanso, entre otras) y emotivas (conocer su realidad y la forma en que utilizará lo aprendido a su trabajo, profesión, cotidianeidad, entre otros factores).
“Es que a la capacitación no va solo mi cerebro sino que va todo mi ser: cuerpo, mente y psiquis, y son tan exigentes, que si primero no los complazco, mi aprendizaje, y por ende el aprovechamiento, va a ser mediocre o nulo”, concluyó la docente.