01/06/2020

​Repentino adiós a Pocholo Barreto, amigo y periodista

Falleció ayer en Resistencia, víctima de un paro cardíaco fulminante. Era jefe de Prensa de Regatas y de Deportes del diario Primera Línea. 


Daniel Wasmer
La República   

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El periodismo todo está de luto por el fallecimiento de José Antonio Barreto (h), Pocholo, pero también lo está la amistad, esa que varios de nosotros compartíamos con él, ese culto que supo sembrar con tantos años de sentimiento fraterno y bondad. Sí, mucha bondad y lealtad. ¿Cómo escapar del dolor cuando se escribe sobre la partida de gente querida? No, no se puede, pero en esta profesión, sobre todo, el show debe continuar. 
Pocholo, con 54 años de edad, se fue repentinamente ayer cerca del mediodía, en un alto de su labor diaria como jefe de Prensa del Club de Regatas Corrientes y del diario Primera Línea, de Resistencia, donde estaba al frente de la sección Deportes. Y lo hizo en su casa, pasando este tiempo de cuarentena, mientras compartía una jornada laboral normal junto a su esposa, Silvia, y sus hijos, José y Valentina, además de estar acompañado por su cuñado Aldo, que también lo acompañaba mientras pintaba unas rejas en su domicilio. 
Su carta de presentación siempre fue Pocholo, ya que, como portador del nombre de su padre y gran periodista, José Antonio, se propuso siempre abrirse camino solo, y vaya que lo hizo. En 1993, cuando lo conocí, él ya se hacía cargo de la sección Deportes de El Diario de Corrientes en lugar de su padre, que siguió dedicándose más a la radio, dejándole un legado que empezó a validarlo con creces. Antes del periodismo, tuvo un paso como estudiante de Ciencias Económicas, pero se fue diluyendo a medida que se afianzaba en el periodismo.
Un par de años después, en julio de 1995, su buen desempeño hizo que lo convocaran desde Resistencia para prestar servicios en El Diario Chaqueño e Independiente, en el que también fuimos compañeros.  
No pasó mucho tiempo hasta hacerse cargo de la jefatura del área deportiva, donde se mantuvo hasta la quiebra de ese matutino en octubre de 2002. Pero como a la mayoría de los buenos profesionales, nunca le faltó que lo convoquen y pasó a comandar Línea Deportiva, del diario Primera Línea –también allí compartimos la Redacción–, en donde se desempeñó hasta ayer.
Fue en ese comienzo de siglo cuando Pocholo también se hizo cargo del área de Prensa del Club de Regatas Corrientes, que con su impronta le dio una marca registrada al servicio informativo del club y cuyo alcance creció a niveles muy altos, con la cobertura de la campaña del Club en la Liga Nacional de Básquetbol (LNB) alcanzando el ascenso primero y la Liga de las Américas después, por la que acompañó al equipo a México y celebró en Xalapa la consagración en 2011.
Para quienes lo  conocían, su desempeño como periodista siempre fue de excelencia, por su celoso compromiso con la tareas que le correspondieron, anteponiendo el fundamento y la verificación de la especie antes que la primicia. 
Así, con nombre impuesto por sudor propio, edificó a secas su gran nombre propio, Pocholo, que siempre lo mostró dispuesto ante cualquier requisitoria de los medios de prensa. 
Su palmarés es digno y respetable, como hasta aquí fue su vida, esa que se fue de manera repentina, aunque no hay edad para la muerte.
Ergo, quienes lo conocimos sabemos de quién hablamos cuando desde ahora en adelante lo recordemos: el jefe de Prensa de Regatas, el jefe de Deportes de Primera Línea, pero, por sobre todo, el gran tipo, el amigo. 
Hoy ya no está, pero quedan las anécdotas que vivió con cada uno, sus constantes gestos de bondad y gran persona, que vivirán por siempre, colgados en algún banderín o camiseta de sus queridos Boca y Mandiyú, Pingüinos y por supuesto Regatas, colores que lo marcaron a fuego y por los que tanto vivió. En algún lugar estará sonriendo, como lo hacía siempre; aunque acá y ahora lo lloramos todos.