11/07/2020

Sentirse correntino alguna vez


“Alguna vez fui correntino por un año... Hace un tiempito atrás, gracias a un Fam Press (viaje de prensa) organizado por un periodista amigo de la provincia de Corrientes, visitamos Santo Tomé y de una corridita me acerqué a la casa donde residimos oportunamente. Fue en 1978, año del Mundial. Las cataratas del Iguazú como hoy estaban secas, un hilo de agua era su caudal y a mi padre no le fue bien en la venta de máquinas agrícolas para la soja y arroz, motivo este de nuestra radicación temporal en esa ciudad y por esto al año nos volvimos a Entre Ríos”. 
Con este breve relato, Eduardo Kloster, periodista turístico de Entre Ríos, comparte aquella experiencia vivida en tierras correntinas. Como conductor del programa televisivo La brújula de viajes, este tipo de vivencias lo transporta en el tiempo y refuerzan el sentido de pertenencia hacia nuestro terruño.     
Pero su narración no se detiene y añade: “Aparte de eso no muy positivo en lo laboral, ocurrieron vivencias que jamás olvidaré que me marcaron a fuego, como jugar al fútbol y ficharme en quinta división del Club Centenario y viajar en lancha a São Borja, Brasil, a comprar mercadería. 
A media cuadra de casa estaba el mercado municipal, con una vida comercial impresionante, parece todavía sonar en mis oídos los temas éxitos del 78: Rafaella Carrá, Cacho Castaña, entre otros, de una disquería que desde la mañana temprano ya se hacía sentir. Me gustaba mucho el tema de Luciana, que hablaba de la Avenida de los Tilos, tan largamente triste que pensé ¿en qué país estoy, estoy sin vos, en qué país? Estoy lejos de ti, algo así era la letra”, recuerda.  
“La gran Escuela Normal, con su predio de una manzana, donde rendí examen de ingreso, tuve la suerte de aprobar con dos 4 (lo mínimo para el ingreso) y a mis compañeros de grado, los mágicos carnavales con Fon Fon y Marabú con sus incomparables batucadas, los ricos palitos helados Picolé que se vendían en todas las calles, el triunfo de Argentina mirándolo en el primer televisor a color que llegó a Santo Tomé y que los vecinos ávidos de conocer la nueva  tecnología se acercaban a la sala del Correo y Telefónica, distante también a 50 metros nada más de casa. Luego se suscitaron los festejos en caravana hacia la costa con fuegos de artificios dirigidos hacia Brasil, justamente. 
La actuación de un jovencito Antonio Tarragó Ros en el Festival de Folklore Correntino”. 
“Antonio, digo, porque sorprendió con sus innovaciones ese año, fue muy comentado pero además claro, desfilaban por ese escenario lo más preciado de nuestra música litoraleña”, detalla Kloster. 
“Y así como este relato, perduran varios recuerdos del disfrute de casi un paseo de algo más de un año por esa encantadora provincia de Corrientes, que realmente tiene payé. En la vida, uno es producto de las experiencias vividas en distintos lugares y eso ha sido Santo Tomé para mí”. Así el periodista entrerriano expresa su romance con la tierra del Taragüí.