14/11/2019

Avanza el programa que propone a los presos meditar en las cárceles

Voluntarios de la Fundación “El arte de vivir” desarrollan la propuesta en Corrientes desde hace casi 8 años. La semana pasada, sumaron a guardiacárceles y a cadetes de la policía a los cursos de meditación. Buscan disminuir el índice de violencia y apuntalar la reinserción con los detenidos. “Cuando cierran los ojos, es su momento de libertad”, explicaron.


Dora Alcaje 
Redacción de La República


Hace unos 11 años, desembarcó en Corrientes “El arte de vivir”, una organización no gubernamental humanitaria, educativa y de carácter voluntario. Fue fundada en 1981 por Ravi Shankar. La Fundación “Art of Living” tiene centros en más de 156 países, y promueve técnicas de respiración para controlar el estrés. El Sudarshan Kriya, la técnica de respiración que se enseña en el curso de “El arte de vivir”, instruye a sus participantes para orientarlos a eliminar toxinas, incrementar la energía, revertir hábitos no deseados y “manejar el torbellino de pensamientos negativos”.
A nivel global –y también en Corrientes– la fundación promueve además programas de servicios a la comunidad para “una sociedad sin violencia” y comparte las técnicas de meditación en poblaciones vulnerables. Los voluntarios llevan adelante diversos proyectos humanitarios, que incluyen alivio en zonas de desastres naturales, desarrollo sustentable, empoderamiento de la mujer, rehabilitación de personas privadas de su libertad y programas educativos en escuelas.
Luego de unos 8 años de trabajo con personas privadas de su libertad –han trabajado en el Centro de Menores de San Cayetano, en el Pelletier, y aún continúan con internos en el Penal Nº 1 y con el pabellón de rehabilitación de adicciones del Hospital de Salud Mental “San Francisco de Asís”– ahora incorporaron a guardiacárceles y a cadetes de la Escuela de Policía.
“Acordamos con las autoridades del Servicio Penitenciario y con el apoyo del ministro de Seguridad (Juan José López Desimoni) para poder profundizar el trabajo. También hemos pedido trabajar con los presos más peligrosos, quienes normalmente están en pabellones aislados del resto de los internos”, explicó Ismael Mastrini, referente de coordinar el programa Prision Smart en todo Latinoamérica.


De visita en Corrientes, el referente y capacitador coordinó más de 5 talleres en los últimos días. Algunos fueron con los voluntarios que ya trabajan en la provincia y otros se orientaron al personal de seguridad y vigilancia, así como a los detenidos del Penal Nº 1, que ya superan los 20 participantes cada semana.
En diálogo con La República, Mastrini y otros dos voluntarios correntinos que coordinan las actividades, Claudia Farizano y Fernando Erro Polo, describieron las experiencias y destacaron los resultados positivos de la tarea sostenida que realizan dentro de la cárcel.
“Hasta ahora, trabajamos con detenidos de baja y media seguridad. Propuse hacerlo también con los de mayor riesgo, incluso dentro de sus pabellones si no los dejan salir. Son una referencia dentro de la cárcel: si encuentran un espacio de tranquilidad, eso impacta de manera positiva en toda la población carcelaria”, destacó Mastrini. “No tienen nada que perder, ya están jugados. Normalmente, tienen cadenas perpetuas. Si logramos ayudarlos a encontrar un espacio de tranquilidad, todo redunda en resultados positivos”, enfatizó.
Se trata de una propuesta que desde la Dirección del Servicio Penitenciario prometieron tener en cuenta, como así también potenciar la participación de mayor número de internos a los talleres que ya se están dictando de manera semanal.

Todos iguales

Mastrini, quien coordina el programa en cárceles de distintos países, asegura que “el curso que se dicta dentro de la cárcel es el mismo que se dicta fuera. Y se apoya en la convicción de que todos los seres humanos somos iguales. Que venimos de puro amor. Ningún chico nace criminal. Se va haciendo de a poco, desde la casa, la sociedad, la política social y económica. La población de todas las cárceles de Latinoamérica es similar: muchos son jóvenes, pobres, y muchos de ellos, analfabetos”, describió.
Sin embargo, aunque el curso es igual para todos, las reacciones no las son. “Entre hombres y mujeres, suelen ser distintos los comportamientos al tomar el primer contacto con el curso. Hay una mayor resistencia entre las mujeres,  más  si es un hombre el tallerista”, describió. “Es entendible, casi todas están presas a causa de algún hombre: porque lo ayudaron a delinquir, porque se vieron involucradas o porque lo encubrieron, porque lo mataron después de haber sido maltratadas. Entonces desconfían, hasta que comienzan a sentir resultados”, explicó.
Así, las diferencias se diluyen al comenzar el curso. “Es el momento de libertad que encuentran ahí dentro. Esperan esa hora de meditar, para cerrar los ojos”, describió.

Responsabilidad social

“Siempre nos sentimos muy respetados. Desde hace años que vamos, una vez por semana por lo menos. Hicimos el curso más de 4 años en el Pelletier. También en el centro de menores de San Cayetano. Y con mayor trayectoria en el tiempo, dentro del Penal Nº 1, donde se alojan unos 600 internos”, recordó, a su turno, Claudia Farizano, una de las instructoras e impulsoras de la iniciativa. 
“Lo hacemos de manera voluntaria. Nos ayudaría mucho contar con aportes, por ejemplo de empresas que tengan programas de responsabilidad social. De ese modo, podríamos solventar el combustible, o un salario para un instructor de dedicación completa solo a eso. De ese modo podríamos crecer”, explicó.
Desde su perspectiva, la sociedad “no quiere ver lo que pasa, pero es muy importante que conozcan que hay mucha gente que aporta –desde su tiempo, principalmente– para los que están en las cárceles salgan mejor que cuando entraron. Eso tiene que ver con todos”, enfatizó.
“Estar dentro y estar fuera tiene una línea muy delgada de separación. A cualquiera le puede pasar. Por ejemplo, por una pelea en el tránsito. O un día, chocás a alguien sin querer y terminás preso. Los que están dentro tienen un trabajo muy grande consigo mismos. Nosotros estamos un rato y nos vamos”, reflexionó Fernando Erro Polo, otro de los instructores voluntarios.

Vínculos que trascienden

Después de tantos años como instructora, Claudia asegura que ha podido recolectar cientos de experiencias. “Muchos salieron en libertad y nos siguen diciendo ‘los profes de yoga’, aunque lo que hacemos es mucho más que eso. Con algunos quedamos en contacto. Nos venden cosas que fabrican, comidas que preparan. Estar dentro es muy duro, pero regresar a la sociedad también lo es”, apuntó.
“El sistema está enfocado en el control y la seguridad. Más guardias, más cámaras. Pero es importante pensar en cárceles que se orienten a la reinserción. La sociedad tiene mucho por hacer a favor de la reinserción”, opinó Mastrini. “Quienes ya cumplieron su condena tienen que volver a reunirse con los mismos entornos y los mismos problemas que los llevaron dentro. En la mayoría de los casos, tampoco tendrán –al salir– oportunidades de una vida digna: trabajo, salud, vivienda, educación. El sistema se aprovecha un poco de esta gente. No es justificar la delincuencia, pero hay que entender las razones para cambiarlas”, enfatizó.
“Quienes acceden a tomar el curso, cambian para bien. No garantiza que solo con eso no vuelvan a delinquir, pero al menos tendrán otra herramienta para manejar sus emociones y enfrentar la incertidumbre de la nueva etapa”, explicó.
Mastrini ya dictó el curso a unas 15.000 personas en todo el continente. Solo en la Capital y provincia de Buenos Aires lo realizaron unos 100.000 presos. En 10 años, el programa se implementó en unas 30 cárceles de todo el país. La mayoría se realiza en cárceles de Buenos Aires. Aunque también se trabaja en provincias como Neuquén, Santa Fe y Entre Ríos.

Del otro lado de los barrotes

“Nos parece un gran avance el trabajar con agentes del servicio penitenciario”, destacó Mastrini. “Su trabajo es muy estresante. Lo necesitan casi más que los presos. Es muy difícil. Trabajan 24 horas y descansan 48. Así que, para coordinarnos, organizamos tres talleres, y ellos pudieron hacerlo en sus días de franco”, detalló.
Dentro del Servicio Penitenciario, preocupa también el alto índice de licencias por estrés, problemas familiares y otros indicadores que se relacionan con la presión a la que están sometidos quienes ejercen la tarea de vigilancia. “Ellos también están adentro, aunque del otro lado de las rejas”, reflexionó. “Si pueden conocer qué hacemos, y experimentar los resultados, confiamos en que potencien la participación de los internos en los talleres”, anotó. “A ellos les sirve también contar con  técnicas como estas para calmar la mente”, sostuvo.
Del mismo modo, bregó por fomentar la participación de los presos en las ofertas de oficios y educación. “Participan muy pocos. No a todos los dejan ir. Y en general no se incentiva la concurrencia. Y son las oportunidades que pueden tener para pensar en una reinserción que pueda ser exitosa”, remarcó.

Los más beneficiados

“A algunos presos, les pasa que sus compañeros les preguntan por los resultados y luego vienen al curso. A otros, les molesta verlos bien y se enojan. Pero eso también pasa afuera. Los más beneficiados somos quienes dictamos los talleres. Aprendes, experimentas y creces mucho con esas vivencias. No solo es que uno esté ayudando, eso también vuelve”, aseguró Fernando.
“La primera vez que fui a la cárcel, me sentí muy bendecida por lo que recibí en la vida. Todos tenemos problemas, pero cada uno tuvo recursos y herramientas para salir adelante en la vida. Y muchos de quienes están dentro no los tuvieron: solo entornos donde el mandato era salir a robar”, reflexionó Claudia. “Al final, te sentís agradecido de poder estar para el otro. No hace falta ser un iluminado, cualquiera puede estar para el otro”, expresó.
Una docente, una peluquera, un constructor, una jubilada, una escribana, un abogado, son parte de quienes integran el equipo de voluntarios en Corrientes, que sostiene las prácticas semanales del programa.
“Uno entra cargado de prejuicios, que desaparecen al poco tiempo. Ellos te están esperando, las meditaciones son muy profundas. El momento de cerrar los ojos, es su momento de libertado. La mayoría coincide en que si hubieran aprendido estas técnicas antes, no hubieran entrado en la cárcel, sobre todo en lo referente a manejar el enojo”, subrayó Fernando.

Sin estigmas y al futuro

“Todos somos iguales. Esto no tiene nada que ver con religión ni con política. Es como ir al gimnasio a hacer yoga. Lo practican personas de todos los credos. Pero, además de la meditación y el bienestar personal, si algo me llena de ‘El arte de  vivir’ es el voluntariado. Es un círculo virtuoso. Lo que necesitamos es sumar voluntarios, y también aportes de la comunidad para poder crecer y sostener estos espacios”, destacó Claudia a la hora de pensar en la continuidad de la propuesta.
“Sería muy útil un pabellón para la gente que respira. Así, los presos tendrían su espacio, podrían hacer sus ejercicios cotidianos sin que nadie los moleste. ¿Te imaginas lo difícil que puede ser encontrar media hora de tranquilidad y soledad dentro de la cárcel?”, reflexionó Fernando.
Mastrini coordinó los talleres durante el fin de semana para cientos de personas sobre el sistema carcelario en Corrientes y proyecta volver para aportar asesoramiento al programa que tendrá la futura cárcel de San Cayetano, que promete ser “moderna” en cuanto a su edificio, pero también en el funcionamiento.