22/10/2019

La ciencia al rescate de la Selva Misionera


La Selva Misionera es una de las áreas boscosas con mayor riesgo de extinción en el planeta, es decir que varios de los organismos, tanto vegetales como animales, pueden desaparecer en un corto plazo. Tal es el riesgo de esta área que resulta fundamental empezar a tomar medidas o generar estrategias que colaboren con su cuidado y conservación.
 
Con el propósito de revertir la degradación descontrolada de la selva y disminuir el impacto medioambiental de la creciente explotación agrícola y forestal, investigadores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), junto a personal del INTA, trabajan para recuperar los bosques originarios de la provincia de Misiones.
 
La iniciativa desarrollada en parte por investigadores pertenecientes a la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata, se propone lograr plantaciones con estructuras más complejas, que puedan ser utilizadas en las áreas ya desmontadas y que resulten de utilidad para mejorar la conectividad con el bosque nativo.
 
Las estructuras más complejas implican cambiar las plantaciones de una sola especie y edad por plantaciones con más de una especie y edad, de manera de lograr mayor disponibilidad de refugios para animales y plantas, mayor biodiversidad, y mejorar la posibilidad de movimiento de la fauna y la estética del paisaje.
 
Misiones contaba con la mayor parte de su superficie cubierta por una formación boscosa que se extendía desde Brasil. Debido al cambio del uso de la tierra para implantar cultivos agrícolas, forestales y también por la creciente urbanización, en la actualidad la superficie con bosque nativo se encuentra fragmentada.
 
Corina Graciano, directora del proyecto, explicó que el equipo plantó árboles nativos de alto valor maderero para no perjudicar la economía local. Y agregó: “Luego realizamos el seguimiento en el crecimiento, identificamos la causa de mortalidad y analizamos los sitios ideales para forestar”.
 
La mayor parte de la superficie misionera estaba cubierta por una formación boscosa que llegaba a Brasil, pero los cambios en el uso de la tierra y la creciente urbanización tuvieron un impacto importante.
 
En este sentido detalló que “estamos evaluando cinco especies nativas interplantadas entre las araucarias, que también es una especie nativa de Misiones, de manera de establecer rodales mixtos. Es decir, plantaciones en las que se mezcla araucaria –pino Paraná– con otras especies nativas de valor maderero, como guatambú, cancharana y peteribí. Estas plantaciones producirían madera de dos o más especies, además de otorgar ventajas ecológicas.
 
Por otro lado, se están realizando plantaciones de especies nativas de valor maderero en sectores de bosque nativo degradado, es decir, en sectores donde los árboles que quedaron en pie no son maderables. En este sentido Graciano explicó que “la idea es enriquecer el bosque con especies de valor maderero, y de esta manera ofrecer una actividad rentable al pequeño productor, para que pueda conservar el bosque como tal”.
 
Según el Plan de ordenamiento Territorial de Bosques Nativos, en la actualidad, Misiones cuenta con 1.638.147 hectáreas de bosque nativo distribuidas en tres categorías de conservación: rojo, amarillo y verde, Las tierras clasificadas como categoría roja deben mantenerse para conservación y no se pueden extraer productos del bosque. La superficie asignada a la clasificación amarilla puede utilizarse para obtener productos del bosque, pero es importante que éste siga existiendo como tal.
 
Las tierras clasificadas con color verde, pueden ser desmontadas para otros usos.  Para que un bosque clasificado como verde o amarillo sea sustentable en lo económico, es recomendable que se puedan extraer productos de valor económico.
 
El proyecto se implementa en un principio en el Campo Anexo Manuel Belgrano ubicado en la localidad misionera de San Antonio, perteneciente al INTA Estación Experimental Agropecuaria Montecarlo, y lo llevan a cabo investigadores del Instituto de Fisiología Vegetal (INFIVE) dependiente de la UNLP- CONICET, de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones y del INTA de Montecarlo.
 

Arboles de laboratorio

 
A esta propuesta para reforestar la selva se le suman las recientes investigaciones del Laboratorio de Fisiología Vegetal, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste, donde se ha logrado generar protocolos de propagación de especies arbóreas nativas de la selva misionera empleando la tecnología del cultivo de tejidos.
 
Esta técnica utilizada en múltiples laboratorios del mundo tiene la particularidad de que a partir de una pequeña porción de tejido u órgano (raíz, tallo, hoja) de una planta se pueden obtener muchas otras plantas, en un corto período, en pequeños espacios y libre de patógenos (hongos o bacterias).
 
Utilizando esta tecnología es que se desarrollaron protocolos de propagación que pueden ser empleados en la conservación de especies de árboles de la selva misionera, tales como el cedro, el lapacho, el guatambú y loro negro.
 
Para revertir muchas de las prácticas de extracción que ocurren en la Selva Misionera primero hay que educar y generar un cambio cultural en la comunidad.
 
Con esta técnica de laboratorio se han se lograron excelentes resultados en cuanto a calidad y cantidad de plantas, a tal punto que estos protocolos podrían ser la base de programas de conservación y restauración de la selva como el antes mencionado. Si bien estos estudios tuvieron una óptima respuesta, son solo el comienzo de una larga lucha en la conservación.
 
Para revertir muchas de las prácticas de extracción que ocurren en la Selva Misionera primero hay que educar y generar un cambio cultural en la comunidad. Para luego incorporar nuevas estrategias de manejo y uso de los productos que se obtienen del bosque, y esto no es algo que se logra en pocos años.
 
 Fuente: La Vanguardia de España