18/09/2019

Crónica de una mujer feliz


Griselda Blanco cuenta que hace dos años, cuando empezó a concurrir a las clases de zumba en el club Sportivo, pesaba 160 kilos. “Después de muchas idas y venidas, de enfocar años de mi vida en el bienestar de mi papá y de mi hijo, empecé a darme cuenta de que yo me había relegado, me dejé de lado y entendí, que debía ocuparme de mí porque, si yo no lo hacía, nadie más lo iba a hacer”, dice la mujer de la sonrisa siempre presente a Quintaesencia, mientras aún se escuchan los sones de alguna que otra bachata, cumbia o reguetón de fondo.

Un par de minutos antes, Griselda participó de una clase de zumba a cargo de la zin Rosalía Morales. Luciendo un furioso moño naranja, ella bailó hasta que el cuerpo le dijo basta y fue parte del “manicomio zumbero” -como lo llama la profe-. La excusa era celebrar el Día del Amigo y sin dudas, en el aire se respiraba fiesta.

“Un día, hace dos años, mi hijo vino y me dijo: ‘Mamá, tenés que dejar de fumar y empezá a adelgazar, a cuidarte, a ocuparte de vos’. Lo sentí como una intimación y mi respuesta fue: ‘Bueno, empezar a adelgazar sí, dejar de fumar no sé’”, recuerda mientras suelta una carcajada. “La verdad, cuando arranqué, tenía cierto temor y hasta poca fe porque desde que me acuerdo, hice dietas, consulté a todos los nutricionistas que pude encontrar, y me dieron poco o ningún resultado”, rememora mientras se acomoda en la silla y cruza las piernas.

En ese momento, surge la consulta: “Ese simple acto de cruzar las piernas no era posible para vos hace dos años atrás, ¿verdad?”. Y con evidente orgullo ella responde: ¡Por supuesto que no! Este y otros tantos movimientos sencillos, para mí eran simplemente imposibles”.

“Creo que la demanda de mi hijo me quedó resonando tanto que hice un clic, ese famoso clic del que muchos hablan. Y es cierto, sentirlo fue determinante y me llevó a armarme de voluntad y empezar a buscar dónde realizar una actividad física que me gustara”, relata.

Bailar zumba fue una de las acciones que emprendió hace más de 720 días. “También empecé a buscar qué cambios alimentarios podía hacer, pequeños sencillos, y poco a poco fue incorporando más verduras y semillas a mis comidas. Empecé a preparar mis propias aguas saborizadas con jengibre y limón, por ejemplo, que hoy me encantan”, enumera como quien pasa revista a un decálogo.

“Me dí cuenta que el secreto, por decirlo así, estaba en darme cuenta que soy importante, que tengo que cuidarme, que me merezco tener una buena calidad de vida. En cierta medida, creo que tenía la teoría, pero me faltaba hacer carne esas ideas, ser consciente de lo que eso implicaba. Ese, creo, fue el verdadero clic, darme cuenta de que cuidarme y quererme, ante todo es mi responsabilidad”, señala.  
 

Más que bailar

“El club Sportivo queda cerca de mi casa y la conozco a Rosalía, la profe, desde que era chiquita porque vivía a media cuadra de mi casa y cuando supe que ella estaba dando zumba ahí, decidí ir a ver de qué se trataba. Lo que más interesaba era que había música y baile”, cuenta mientras una gran sonrisa vuelve a instalarse en su cara.

“En este tiempo, me di cuenta que venir a zumba es muy importante para mí porque me permite conectarme con mis compañeras desde el disfrute, desde la alegría y el baile”, dice Griselda. Pero otro de los elementos importantes para ella es el de que el grupo zumbero se fue fortaleciendo, “nos juntamos a comer, salimos a pasear, entre otras actividades que hacemos juntas”.

Es que este grupo de mujeres fue tejiendo una invisible red de contención, una que según cuenta la entrevistada, trasciende por mucho la mera hora de clase de zumba, “porque nos vamos acompañando en distintas situaciones, muchas de ellas difíciles, otras no tanto pero que siempre es más sencillo en compañía”.

Después de esta vuelta, de este cambio de vida, Grise que fue encontrando su propia fórmula para estar cada día mejor, amarse un poquito más cada día y ser feliz, aunque reconoce que, en esta etapa de su vida, “le gustaría tener el cuerpo de 20 con la experiencia de 50”. Y su carcajada estridente vuelve a surcar el aire del salón zumbero mientras se escuchan el estribillo de una canción de zumba que dice: “Contento por dentro, amo la vida y la felicidad…”
 
Por María del Carmen Ruiz Díaz
Para Quintaesencia