18/08/2019

Lo acribillaron al salir de una fiesta: tres detenidos por el caso esperan el juicio

El alevoso asesinato del ganadero Rubén Pipo Machado ocurrió en Alvear, en septiembre de 2017. En el ataque hirieron a su hijo de 11 meses y a su hermana, de 33 años. En medio de la conmoción por el crimen, la familia de la víctima recibió amenazas de muerte.


El entusiasmo y el desborde de alegría que se vivió durante un festival de jineteada, en el campo El Triunfo, que la familia Machado tiene en la localidad de Alvear, se convirtió de pronto en un escenario de horror y muerte.
Era un acontecimiento casi familiar. Algunos fueron protagonistas al demostrar su destreza como jinetes.
Entre comidas típicas y música para la ocasión, la fiesta fue llegando a su fin.
Era el domingo 3 de septiembre de 2017. Cerca de las 23, Rubén Ricardo Machado (39), a quien lo apodaban Pipo, se retiraba del lugar junto a su hermana Blanca (33). Ella llevaba en brazos a su sobrino, hijo de Pipo Machado, de 11 meses. Apenas ingresaron a la camioneta VW Saveiro roja, se escucharon unas detonaciones, en medio de gritos y corridas. Machado habría pretendido salir del vehículo y lo arrojaron al suelo, donde lo remataron.
Los atacantes huyeron en un auto y los demás concurrentes a la fiesta, desesperados y en shock, auxiliaron a las víctimas, al tiempo que pedían la presencia policial.
Rubén, Blanca y el nene fueron llevados con urgencia al hospital local. Todos estaban heridos. El productor ganadero tenía disparos en la cabeza y su estado era grave. Su hermana, un balazo en la zona del cuello y otro en la pierna, y el bebé, una lesión a la altura del parietal derecho con afectación en la oreja.


Después de recibir los primeros auxilios, los adultos fueron derivados al hospital San Juan Bautista, de Santo Tomé, y la criatura, al Pediátrico Juan Pablo II, de la capital correntina. Blanca y el niño no corrían riesgo de perder la vida. Pero Pipo Machado murió en el hospital santotomeño.

La búsqueda de los homicidas

Con intervención del Juzgado de Instrucción y la Fiscalía de Santo Tomé, efectivos de la comisaría de Alvear, al mando del comisario Miguel Duarte, con apoyo de agentes de la Unidad Regional V, realizaron distintos procedimientos para detener a los agresores.                                                    El lunes 4 de septiembre de 2017, en un do­mi­ci­lio en el pa­ra­je Pan­cho Cué, jurisdicción de Alvear, fue detenido Héctor Aníbal Oli­vei­ra (42). Al registrar su vivienda, la policía encontró e incautó $ 103.000 y uniformes policiales y militares. Además, una carabina calibre 22 mm, una pistola calibre 9 mm, cuchillos y otros elementos.
La plata sería parte del botín sustraído de la sede de la Asociación de Pequeños Productores Ganaderos, robo que se había cometido en esos días.
La policía se hallaba abocada a  reunir información sobre otros dos implicados y llegó el dato de que esos sospechosos habrían cruzado el río Uruguay para ocultarse en algún domicilio de la localidad brasileña de Itaquí. 
El miér­co­les 6, la po­li­cía alla­nó una ca­sa en el ba­rrio Ba­ja­da Vie­ja, de Alvear, don­de se­cues­traron un au­to­mó­vil Che­vro­let As­tra y una es­co­pe­ta ca­li­bre 36.
Otra diligencia judicial se cumplió en una vivienda del paraje Pal­mi­tas, también de Alvear. Allí lo­ca­li­za­ron a San­tos de la Cruz To­rres (31). Incautaron un ri­fle ca­li­bre 22 mm. 
Los datos reunidos en la investigación determinaron que restaba detener a un tercero: un hermano de Oliveira, acusado de ser el principal ejecutor del asesinato de Machado. 
En la siesta del martes 22 de enero, bajo un sol abrasador, la policía obtuvo información precisa de que en la zona andaba Alejandro Oliveira, a quien se lo conocía como Kika, hermano de Héctor Oliveira.
Había una discreta vigilancia. Ese fin de semana previo al martes 22, la policía estuvo a punto de detener al escurridizo. Pero un fuerte temporal obligó cambiar los planes.
En la tarde de ese martes, lo vieron en un monte situado en las adyacencias del cementerio de Alvear. Kika Oliveira advirtió que había muchos policías e intentó correr hacia una tupida vegetación, pero no lo logró. Estaba rodeado. Extenuado, con síntomas de deshidratación y sin alternativas de fuga, se entregó. Portaba un revólver calibre 38 y 50 municiones. 

“Hubo intencionalidad y alevosía”

“Había una doma. Era un evento familiar. A mí no me gusta esa clase de fiestas, por eso no fui. Ya estaba terminando el evento, y mis familiares estaban saliendo cuando aparecieron unos tipos disparando a mansalva entre la gente. A Pipo lo acribillaron. Tenía tres balazos en la cabeza. Está demostrado que llegaron con la intencionalidad y alevosía de  matar a una persona”, comentó en su momento Ángel Sosa.


El hombre es dirigente político y docente, esposo de Blanca Machado, herida en el ataque.
Para Sosa, no quedan dudas de que fue un crimen premeditado. 
En 2017, por lluvias torrenciales, se desbordó el río Aguapey e inundó gran parte del campo de los Machado. Aprovecharon esa circunstancia y robaron en la vivienda. Los Machado radicaron la denuncia y, poco después, recibieron amenazas. Advertencias similares se reiteraron luego del crimen de Pipo.
Las tensas relaciones entre las familias Machado y Oliveira se remontan a viejos tiempos.
Los Machado habrían señalado a los Oliveira como una banda dedicada al hurto de ganado. Además, generó un conflicto un alambrado que los Machado colocaron al comprar un campo.
En una ocasión, Kika apuñaló levemente a Pipo durante una discusión. Era el primer indicio de una serie de sucesos violentos que terminó con un muerto.