Una Itatí colmada de fieles celebró a la Virgen

A pesar del frío, más de 250.000 devotos de toda la región asistieron a los actos centrales por los 117 años de la coronación pontificia.

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Bajo un cielo gris, con baja temperatura y una fría ráfaga, más de 250.000 personas se convocaron frente a la basílica de Itatí para celebrar los 117 años de la coronación pontificia de la Virgen Morena, patrona del nordeste argentino.
A mediamañana, alrededor de las 10.30, partió desde la Basílica la procesión trasladando a la imagen peregrina de María de Itatí hasta el río Paraná para el encuentro con la Virgen de los Milagros de Caacupé, de la vecina orilla de Itá Corá (Paraguay), y la procesión náutica.
La patrona de Corrientes fue portada por personal de la Prefectura Naval Argentina y cargada en el guardacostas, acompañada por el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik.
En el medio del Paraná se produjo el encuentro de las delegaciones de Argentina y Paraguay y luego prosiguió la procesión náutica y el desembarco para iniciar la procesión terrestre.
Encabezó la procesión la réplica de la Cruz de los Milagros y luego se encolumnaron las imágenes de los santos patronos de las comunidades presentes y peregrinas, como san Antonio de Mburucuyá, la Inmaculada Concepción de Itá Ibaté, san Antonio de Padua de Berón de Astrada y san Luis Rey de Francia. Luego se ubicó la imagen de la Virgen de Caacupé y por último la de Nuestra Señora de Itatí.
Participaron el gobernador Ricardo Colombi y su esposa Estela Barattini.
Antes de la homilía, micrófono en mano, el arzobispo saludó a las autoridades, fuerzas de seguridad, sacerdotes, diáconos, seminaristas y de una manera especial a los paraguayos. Lo hizo antes de recordar los sucesos registrados hace más de 200 años en el denominado atajo viejo, cuando la Virgen apareció e impidió que una horda de individuos que asolaba la zona intentó invadir el pueblo y se abrió la tierra. Los atacantes, sorprendidos desistieron y se alejaron ante un suceso que más tarde se dijo que fue un milagro de la Virgen morena.
Durante la homilía pronunciada en la misa central efectuada pasado el mediodía, concelebrada por sacerdotes de toda la región, Stanovnik dijo que, a pesar de que varios estaban tiritando por fuera, pero con el calor del amor y la fe por dentro, estamos felices por el solo hecho de encontrarnos frente a ella. “Ella nos mira con una mirada llena de misericordia. Cuando nos sentimos mirado por ella, su mirada descongela nuestras frialdades y ablanda la dureza de nuestros corazones. Nos llena de paz, de consuelo y de fortaleza para enfrentar las dificultades de la vida, y nos sostiene para no ceder ante el desaliento y ante la seducción de tomar el camino fácil”.
El arzobispo pidió a la Virgen a que nos enseñe a “ser verdaderos peregrinos, a bajarnos de nuestras comodidades y aprender a caminar uno junto al otro; atentos y dispuesto al servicio, especialmente con los más necesitados”.